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muse_by_sickbynatureMe ha abandonado. Ella.

El amacer se la ha llevado.

La luna no me la ha devuelto.

De ella los astros se han enamorado.


¿Cómo no amarla?

Si sus labios son palabras,

Si sus ojos son luceros,

Si su voz es el deseo.


¿Cómo no robarla?

Si su cuerpo es etéreo,

Si su sonrisa está velada,

Si su tacto es el cielo.


Se ha ido. Ella.

A quien tanto llamo,

A quien tanto quiero,

A quien tanto anhelo.


Se ha llevado la llave,

La puerta.

La respuesta,

Y las preguntas.


Vacía me deja,

Sola, rota,

Perdida.

Entre suspiros y esperas.


¿Cómo no llamarla?

Si cuando vuelve,

Cuando me abraza,

Cuando me habla,


Ven mis ojos,

Dicen mis labios,

Saben mis manos,

Y siente mi cuerpo.


Abierta he dejado la ventana,

Mil y una noches,

Esperando que vuelva,

Abrazada a las sábanas.


Y frío es el aire que llega,

Frías sus manos,

Frías sus palabras.

Porque se ha ido. Ella.


No hay otra, que remplazarla pueda.

No tiene rival,

No puede ser retenida,

Ni forzada.


Me la ha robado la luna,

La han seducido las estrellas,

Los cielos la han acariciado,

Y de mi lado la han alejado.


Ah, musa mía,

Cuánto te he extrañado.

Cuánto te he llamado,

Tanto, tantas veces, tantos días.


Y aún no has regresado.

1c48fc1dab769b7a8aff78db0b4f8aacHoy es un día tranquilo, suave, bonito. No es especialmente gris, ni especialmente azul. Tampoco caen del cielo flechas heladas, ni llameantes estrellas. Parece pausado, como si el mundo, la vida, se hubiesen quedado en casa y hoy, sólo hoy, hubiesen decidido no salir. Como si, por un día, por un momento, el enorme tren de las idas y venidas hubiese parado en la estación del día de hoy. La estación de la calma, del silencio, la estación donde no hay pasajeros que corren, ni que se van, donde no hay despedidas, ni manos que tomar. Descansan todos, los sueños se duermen, para soñar a su vez, los niños se sientan a escuchar la música que el aire no termina de soltar.

El dibujante ha detenido la trajectoria de su pincel, se ha alejado del cuadro, y se ha parado a mirarlo. Dejando su obra calmada, dejando que las ideas se posen con tranquilidad, no hay prisa, no la siente, no la quiere. Y respira. Hoy no le preocupa ése trazo incorrecto, no le inquieta el color demasiado oscuro, no le importa no avanzar. Hoy, él respira.

Caen pequeñas motas de polvo sobre las cubiertas de los libros, no las arrastra el aire, no las arranca con su salvajismo habitual.

Hoy los corazones pueden palpitar con tranquilidad, sin miedo a ser heridos, sin miedo a la traición.

Hoy vuelan si miedo todos los que en su día no despegaron. Se ha parado el minutero, se ha calmado el mar. Se ha dormido el cielo.

Mañana ya vendrá.

The_Albatros_by_Adufazul¿Cómo me has hecho esto? ¿Cómo me has convertido en esto? ¿Cómo has hecho que sea como tú, que sea una criatura infinitamente dolida? ¿Cómo has podido? Sólo sé que ahora tengo la página en alto, me tiembla la mano, no puedo avanzar. No puedo dejarla caer como tantas otras veces, manchada de sal, manchada del amargo sabor de la decepción, y dejarla flotar en la misma pila que tantas noches echo a la hoguera. Se ha quedado suspendida mi resolución en el aire, algo tira de ello, algo me impide soltarla, algo que aún despierta recovecos de dolor dentro de mí. Algo que mantiene vivas unas brasas que no logro apagar, que hace que el agua se evapore antes de enfriarlas siquiera.

No puedo sonreír como siempre, porque ésas mismas brasas me queman, porque intento apagarlas con mi propia piel, desesperada por no saber ser, por cómo me siento, porque no sé hacer otra cosa que perdonar. Pero ya no puedo, no consigo apagar la llama, no consigo dejar caer el papel tintado de carmín con sabor a mar, no consigo encender la hoguera del olvido en el que ahogar todo el resgusto desabrido que me dejó tu ira. Será porque he aprendido a odiarte, será porque tanto dolor me ha arrancado la rabia, porque tantas lágrimas me han manchado de cólera.

Será porque ya no puedo más.

Será porque estoy harta de tantas decepciones, porque estoy harta de ti, de que vengas, de que te apoyes, de que me hundas. Y de que te vayas cuando yo me derrumbo. Estoy harta de estar siempre, y que no estés nunca, de que no me veas, de que finjas, de que pretendas que me proteges. No lo haces, no quieres, nunca has intentado hacerlo. Será porque ya lo sabía, porque odio tener razón, porque esto es mi límite y porque lo has alcanzado, rozado y traspasado tantas veces que he perdido la cuenta de ellas. Será porque me has hecho sentir la cosa más miserable de la tierra, porque no te has parado a pensar que me estabas haciendo daño, porque ya no puedo dar más.

Será porque ya lo he dado todo.

Porque me he visto vacía, en tus manos estaba lo mejor de mí. ¿Y qué hiciste con ello? Lo dejaste caer al suelo delante de mis ojos, para verlo fracturarse, destrozarse bajo tus pies. Porque te he dado todo de mí, todo. ¿Para qué? Sabrán los cielos para qué.

Será porque me has dejado hundirme demasiadas veces, porque prometiste no soltarme, cuando nunca me habías aferrado. Porque he dado todo, tanto que me he perdido, y ahora que he detenido mi caminar veo. Y veo mi error, tan aterradoramente grande, tan irreversible. He tenido una fe que no me había permitido tener en años. Y te la has llevado.

Pues bien, quédatela, ya no la quiero. No la necesito más. No voy a pasar la página, no esta vez. Porque ya estoy harta.

No me voy a dejar olvidar.

Porque me he cansado de colgar en el vacío.

Abandono el camino, dejo la senda, y me dirijo al mar. Allá se queda mi fe, en un adiós mudo, mientras me alejo con alas de albatros tan lejos que no puedas dañarme más. Mientras regreso a mi atalaya, de la que no pienso volver a bajar. No para ti.

Mientras regreso en silencio, mientras sigo caminos que yo sólo conozco. Mientras voy hacia donde sé que puedo respirar. Mientras me alejo de tus manos teñidas de la sangre de mis ilusiones, para sanar mis heridas.

Y ahí queda la página emborronada de lágrimas, de tinta diluida, de palabras nunca dichas. Queda suspendida en el aire, cayendo con suavidad a tierra, sobre las huellas de mis pasos. Pero yo ya estoy lejos, ya me he ido.

Yo también tengo mis victorias.

Yo también puedo volar.

Aunque tengan tus manos redes, y tus caricias alfileres.

Violoncelle_by_PiLaMiXSus pies vuelan sobre el suelo frío,

Descalzos, desnudos, libres

Sus piernas parecen heraldos de sensualidad,

Apenas cubiertas por velos de ropa negra.


Piden sus labios,

El beso robado,

Buscan sus manos,

El cuerpo anhelado.


Tienen sus cuerpos alas de halcón,

Una llama interior,

Un susurro,

Pasión.


No ven otra cosa,

Que sus ojos ávidos,

Que sus labios entreabiertos.

No buscan otra cosa,

Que robar ése suspiro,

Ambiguo y salvaje,

Suyo.


Bailan las manos,

En un cuerpo de mujer,

En una cadera, el camino de una cintura,

Y descienden, desesperadas.


Para encontrar el aire,

Un hueco aún de ella,

La que lo mira, lejos,

Y él, ávido, la busca, apasionado.


Tan brusco, tan salvaje, tan necesario

Y tan lento, tan agonizantemente suave,

Tan provocativo.

Y tan lascivo.


Respira uno de los jadeos del otro,

Abrazado a su cuerpo esbelto,

Y lujurioso.

Ahogado por un deseo desbocado.


No escuchan ya,

Otra cosa que sus corazones acelerados,

No ven ya,

Otra cosa que sus ojos ardientes, cascadas de lava.


Un último movimiento,

Un último jadeo,

Una última caricia,

Una mirada que grita miles de placeres,

Y celos, ardientes, salvajes, efímeros.


Cae entonces la última nota,

El último compas.

Y se alejan los amantes, sorprendidos,

Para volver a ser

Desconocidos.

007Dices que tu vida destruirá la tierra, que destrozará el mundo, que arrancará alaridos de dolor, lágrimas, y sangre de tantos inocentes que nunca merecieron el mal. Dices que tu vida se basa en el mal, en el dolor, en la crueldad. Que tu existencia es un peligro para la felicidad, que tus palabras son cuchillos, que haces daño, que podrías, con un soplo de aire, destrozar miles y miles de hogares. Incluido el mío.

Dices que tus ojos son llamas de fuego salvaje, que abrasarían a la inocente esperanza que a su alcance se quedase, que romperían las almas de los ilusos que a tu alrededor anduviese. Dices que tus manos son garfios, que rompen, que desmontan, que no saben proteger ni acariciar. Dices que podrías matar sólo con un suspiro, y que los latidos de tu corazón son, a cada ritmo, una vida que se va bajo tu influjo maldito.

Dices, y probablemente sea verdad, que harás pedazos el mundo. Que lo desmembrarás, que lo asesinarás, que lo torturarás.

Pero no me importa, no me importa que sea o no verdad, no me importa que tus manos se tiñan de la sangre de un sueño mancillado. No tengo miedo de tus actos, no tengo miedo del terror que causas en los demás. No tengo miedo de los colmillos tan afilados que se perfilan en tus sonrisas. Soy una egoísta, y no me importa.

Me da igual que el mundo sufra, que se rompa, que se destruya. Me da igual que las lágrimas de una ilusión se manchen con los brazos de la desesperanza, me da igual que seas una asesina, que tengas el poder de hacer caer de rodillas al más fuerte de todos los guerreros, que poseas en una mano el destino de todo ser vivo. Me da igual, no me importa, no voy a rendir cuentas esta vez.

Porque te quiero viva, así deba el mundo secarse por ello, así deba el cielo hundirse bajo su propio peso. Te quiero viva aún cuando seas muerte, aún cuando mi egoísmo mantenga la llama del terror que se abatirá sobre el mundo entero. No me improta estar protegiendo a una criatura capaz de devorar los corazones de aquellos que la observan, no me importa estar poniendo en peligro tantas y tantas vidas, no me importa estar obsrevando tranquilamente la cuenta atrás que llevará a la devastación de la vida.

No me importa que seas el mismo demonio, que seas la personificación del odio, que seas la ira, con forma de mujer. Me da igual que me adviertas, que me aconsejes que sería mejor dejarte partir, que sería lo correcto no tenerte a salvo. Me da igual, voy a seguir haciéndolo, voy a seguir guardando tu vida, aún cuando me equivoque, aún cuando sepa que me estoy equivocando. Aún cuando sepa que estoy siendo egoísta, que el precio es demasiado alto.

Porque para mí no hay nada más correcto que saberte a salvo, no hay nada más preciado que tu corazón acelerado y vigoroso, no hay nada más bonito que la voz suave con la que atraes y encantas a los débiles, a los que no se atreven a ir más allá, a los que no les dejas pasar. No hay nada más en este mundo que el pequeño hueco que tengo a tu lado, nada más que la tranquilidad que me rodea cuando me sé por tu mirada protegida. No me importaría ver mi sangre caer por no derramar la tuya, no me importaría presentar batalla, si con ello quedases tranquila.

Porque no eres una asesina, no eres una criatura de mal, no eres odio, ni ira. No eres, a mi ojos, más que una cabaña tranquila, un refugio en medio de toda la tormenta de una vida, una llama de hoguera que abriga, que protege, y que no quema. Eres un canto salvaje de victoria eterna encriptado en los susurrus del viento, y sólo de ése modo podrías seguir siendo.

Y es por ello que voy a ser egoísta, que voy a ignorar cualquier advertencia, que me voy a precipitar ciegamente al que para muchos es el mayor error de mi vida. El que será el último, el que será el que con más orgullo dibuje en el pendón de batalla que presentaré siempre.

Y es por ello que me da igual lo que puedas hacer, estoy sorda para las advertencias, ciega para las imágenes, muda para las protestas. Seré tan testaruda como sólo yo puedo ser, y guardaré con celo la caja que bien podría devastar a toda una humanidad.

Porque es parte de un tesoro demasiado valioso, porque soy egoísta, porque no me importa. Porque voy a seguir siéndolo toda la vida. Así se caiga el cielo sobre la tierra y ardan las almas.

Porque yo también estoy firmando mi sentencia de muerte.

Porque no me importa morir si es a tus manos.


Web_of_Depression___Reupload_by_ValentinaKalliasAsí que esto es lo que soy. Una criatura enjaulada, apaleada, herida, acorralada, mordida, enferma, abandonada, maltratada, vendida, repudiada, ignorada, y, por encima de todo, olvidada. He sido tantas veces la causante de tantos problemas, de tantos males, de tantas lágrimas… He sido tantas veces la mano que ha golpeado al corazón indefenso, la que ha hecho daño, la que ha provocado el dolor, la que ha sonreído cruelmente, o la que ha devastado todo con una ira injusta y sin fundamento alguno. He sido tantas veces aquella que originaba el mal, el eslabón débil, el punto flaco, la oveja negra. He sido el objeto de su ira, de su rabia, de su cólera, la piedra en su zapato, la traba en su camino, el bache de sus vidas. He sido el muro contra el que rompe el mar, el techo que frena la lluvia, la ventana que desafía al huracán, el pequeño pero valiente insecto que se enfrenta al león.

He sido mil veces vencida, mil veces aplastada, derrocada, desgarrada, apartada, humillada, deshonrada, acusada de cientos de males, de tantos dolores. He sido siempre la bailarina que no supo seguir el ritmo, el músico de notas incorrectas, la chica descarriada de la fila de la vida. He sido siempre un error, un fallo, un accidente. Y no puedo hacer otra cosa que seguir siéndolo.

He sido, y soy, la acusada de tantas derrotas como estrellas posee el cielo, la culpable de tantas decepciones como gotas tiene el mar. La que ha sido engañada, la que ha sido confiada, para después ser abandonada, la que ha sido alegre, y después ahogada. He sido tu error más lamentable, la sombra de tu ilustre camino, aquella que tantas veces te ha hecho avergonzarte.

He sido el fantasma de tus sueños, la sombra sobre la que tus ojos nunca se posaron, el viento que tus labios nunca suspiraron, el sonido que tu voz jamás articuló. He sido tu olvido, tu ignorancia, tu pequeño vacío espiritual. He sido el resultado de tus decisiones poco acertadas, pero jamás el origen de tus victorias. He sido la espada rota, el escudo inservible, la armadura molesta y pesada. He sido un estorbo, y como tal, he sido apartado allá donde no fuese necesario.

Y ahora me siento llamada, me siento atraída, me siento buscada. Han abierto las puertas de mi jaula, para llevarme a otra más grande, mas igualmente cerrada. Ahora soy necesitada, ahora soy un enmiendo, una promesa, una estrella capaz de brillar en el más terrible de los cielos. Ahora soy orgullo, soy fuerza, estoy bendita y llevan mis ojos la energía en ellos. Ahora soy gloria, soy ilustre poeta, gran artista, soñador nato de gran talento, todos ellos recién encontrados.

Ahora soy lo que nunca he sido. Ahora no fui una niña indeseada, ahora no fui una carga insoportable. Ahora no fui.

No soy lo que creía ser. No fui lo que he sido. ¿Qué demonios seré?

Y me pesan los hombros, me pesa la vida, me pesa el futuro. Me duele el pasado, me asaltan las dudas, me devora la impotencia, y se estrella contra mi frustración infinita.

Y se me cansan los ojos, se me cansa la espalda, se cae la carga a ambos lados del camino.

Y debo seguir caminando, debo seguir adelante aún sin lo que he perdido, debo mantener el ritmo de mis pasos como el reloj motor capaz de unir los días. Debo, por mi bien, no preguntar, no pensar, y sólo caminar.

Debo callar, mujer de labios cosidos, debo encadenarme en mi silencio, tragar mi veneno, encoger el cuerpo y recibir el siguiente latigazo de la mano que me da de comer. Debo, por mi bien, dejar de alimentar las esperanzas famélicas de libertad, o me consumirán.

¿Qué seré, cuando caigan los días y sólo me vea la luna, desnuda y vacía? ¿Qué seré, cuando se encuentren mis ojos con su reflejo, incapaces de esconderse de ellos mismos?

¿Qué seré, cuando mi voz rompa el silencio que tantos años ha guardado?

2009_1014amiens80011Voy a regalarte una noche infinita, de sueños repleta, de estrellas bendita, de palabras y abrazos, de eterna compañía. Voy a regalarte mi tiempo, mis experiencias, mis miedos en una noche de techo inalcanzable y de luceros imperecederos. Voy a compartir mis pequeños tesoros de esperanza bañados y de desilusiones manchados. Te daré una noche serena y profunda, espejo de los mares, e igual de indomable. Voy a regalarte mis mentiras y verdades, los miedos que me abrazan a cada despertar. Voy a darte lo que nadie ha tenido de mí, y por extraño que parezca, son las cosas más pequeñas y rotas que más importan. Voy a regalarte mi vida, la vida de una niña que nunca creció, pero que tampoco sintió.

Voy a entregarme a tus ojos, a tu voz, con todas mis derrotas, con todas mis caídas. Con las cicatrices de mi vida, cicatrices que no puedo ocultar, que tampoco quiero mostrar, que prefiero tapar bajo sonrisas veladas. Te daré la noche más bonita que sean capaz de crear unas manos molidas, unas manos que han sentido cómo el mundo se escapaba de ellas, unas manos que no han sabido retener a quien se colgó tiempo atrás de su fuerza. Unas manos que construyen pequeñas casas modestas pero estables, firmes en su debilidad. Construiré un techo de estrellas y luna, un techo cambiante, nublado o despejado, frío o cálido. Y mientras tiriten en el cielo los luceros, los dioses, los héroes, yo me quedaré en la tierra, declarando a voz en grito el miedo que tanto me pesa, el miedo que tanto tira, que tanto tienta.

Ah, que osen desde allá arriba reírse, los cobardes de los astros, que osen negarme una lluvia fría y tranquila, que osen negarme una luna por madre. Los retaré eternamente, clamaré mi venganza, mi odio inenarrable, mi rabia contenida como un vendaval esperando el más mínimo hueco para echar a volar. Y gritaré, gritaré una mil veces, aunque me quede sin voz, gritarán mis ojos, gritará mi piel, gritará mi alma. Y no serán palabras, no serán poemas, no serán bellos cantos de alegría.

Serán alaridos desgarrados por la decepción de la vida, bramidos de furia, rugidos de cólera, de impotencia, de rabia, y de guerra. Serán cantares de júbilo, de dicha desbordada, de libertad suprema. Serán sonidos, serán únicos, serán míos. Serán las notas de una canción nunca vista, las notas que tararea en silencio la pequeña niña que se ha entregado a ti.

Surcará el cielo con gracia inhumana ella, la luna, la musa cambiante, la inspiración ausente y caprichosa. Y correrá tras ella él, el tiempo maldito, con la hoz de verdugo para dar caza a las largas ideas negras antes de ser declaradas.

Voy a darte una noche tranquila, una noche invariable, una noche que siempre sea la misma, aunque no sean los mismos ojos que la miren. Ni sean los mismos astros los que brillen.

Voy a darte la noche de mi alma, la oscuridad que yace enterrada, la caja que no se puede abrir, la caja que yo ya he abierto para ti.

2009_0922amiens40060Siempre tuve grandes sueños, grandes ilusiones, y me dormía pensando en el futuro tan apasionante que me esperaba. No recuerdo cuándo las noches comenzaron a hacerse más oscuras y más crueles, no sabría decir cómo el peso de mis propios sueños empezó a hundirme más y más en una espiral de desasosiego y desesperación. Sólo sé que repentinamente me encontré en el ojo de una tempestad que se había desatado en mi interior, no sabía quién era, no podía caminar, y cada día se me colgaba de la espalda con todo el peso del dolor de mis noches a solas.

Recuerdo que creía tener el valor suficiente para hacer frente a toda la oscuridad de mi alma, recuerdo que blandía una espada de madera contra el acero de mi desesperación, y lágrimas de sangre rodaron sin fin. Perdía una batalla tras otra, caían mis fortalezas, y mis torres, como meras torretas de arena en la orilla del mar, se escurría mi fuerza en un gran río de recuerdos. Recuerdo que me dormía llorando, sin saber porqué. Recuerdo que miraba al cielo, y suplicaba perdón.

Pronto la oscuridad se volvió contra mí, la soledad se me clavó y me empapó el alma, la tristeza dejó paso a un vacío interior, y saborée la angustia en todo su esplendor. Me dejaba mecer por las decepciones, entre sus brazos que se me antojaban entonces tan cálidos, pero que realmente eran tan fríos como el aliento de piedra que se escapaba de mi boca. Parecían mis ojos de hielo, tan marchitos, tan secos, tan lejanos. Aferrada a mis propias cadenas, cadenas que llegaron de un lugar desconocido, desconocida en mi cuerpo, cuerpo que deseaba destruir y romper con el poder creciente de mis manos. Buscaba la sangre, sí, tantas veces la busqué animada por una ira incomprensible, armada de deseperación y locura, perdida por no saber el camino que seguía pero que cada día ahogaba y oprimía con la fuerza de un titán.

Me hundía entre las sábanas, me alzaba vacía, una carcasa tan frágil y tan fuerte al tiempo, tan impenetrable y transparente, tan opuesta, que también ésta se quebró en mil pedazos como mi determinación se hizo añicos. No sé cuánto tiempo caí en una negrura infinita, hasta que choqué contra un suelo anormalmente frío, y extrañamente cómodo. Me dejé arropar por sus suspiros y susurros de dolor, me dejé conquistar por la desesperación, escuchando los sabios consejos del miedo que me advertía de regresar al campo de batalla, que me anunciaba mil derrotas, que me avisaba de tantas pérdidas. Y yo que escuchaba, asustada, sus cuentos de dolor y sangre, sus palabras amargas de lágrimas ácidas de decepción.

Tal vez fue el hecho de que soy incapaz de quedarme en un mismo sitio durante demasiado, tal vez el hecho de que no me quedaban sueños que perder, ni grandes ilusiones. Tal vez fue el hecho de que llegó hasta mí una criatura tímida y frágil llamada esperanza, más frágil que yo, y que por instinto deseé protegerla. Tal vez fue que mis gritos ensordecieron al miedo, que mi cólera venció las cadenas, que mi rabia desbocada espantó la oscuridad al ver a la pequeña esperanza tan herida y abandonada. Ella no tenía a quien alentar, y yo había perdido a la mía en una noche de verano mientras se escapaba por la ventana. No nos conocíamos la una a la otra, no sabíamos nada de nosotras, ni comprendíamos cómo habíamos acabado tan perdidas, y vacías.

Tampoco comprendimos cómo empezamos a resurgir, cómo poco a poco el aire regresó teñido de jazmín, cómo fuimos descubriendo en cada una de nosotras lo que habíamos perdido, una esperanza que se fue y no supo regresar, una mujer que la vio marchar y no supo buscarla por no abandonar su hogar. Un miedo, ahora vencido, antaño devastador. Un sueño, ahora perdido, antaño mi único motor. Un bache, sorteado, un recuerdo, escondido.

No quieran las noches traerme las palabras que tiempo atrás se llevaron con ellas. No quiera la luna atender a las súplicas que tiempo atrás le llovieron. No quiera la vida hacerme caso, rebelde como siempre debió ser.

2009_0922amiens40044No preguntes por mis victorias si quieres conocerme. No hallarás nada en ellas, son logros vacíos, logros sentidos pero olvidados. ¿Qué valor tiene mi pequeña gloria cuando se busca el fondo, el motivo que impulsó a ella?. Sería bello decir  ”Nunca he perdido una batalla”, sería más bello aún decir ”Nunca tuve que presentar batalla”, y sería hermoso poder sonreír y decir ”No conozco la guerra”.  Sí, sería un cuento bonito, cuento que yo no he tenido ocasión de ser.  ¿Y quién quiere semejante mentira?

¿Quieres conocerme? Entonces conoce mis derrotas, mis fracasos, mis heridas, la infinidad de cicatrices que me sigue, le mirada perdida que le dedico al atardecer como si hubiese atrapado en él una parte de mi ser. Descubre el dolor que vaga cual trotamundero en mi terreno, que se instala bajo un techo, y al día siguiente busca otro. Que revuelve cuanto toca, que apasiona, que levanta, que hunde y ahoga. Que recuerda, y me cuenta con palabras de viejo narrador las tierras yermas sobre las que he caído, de rodillas, total y completamente vencida. Atiende a los dibujos del triste pintor que gusta de trazar con pinceles frágiles y grises colores los sueños que ya no podrán ser cumplidos, las renuncias que he tenido, las ilusiones que he quemado. Las esperanzas que se han ido y que como musas de muerte, parcas vestidas de blanco, inspiran a este consumido artista a dar forma y vida a mis fantasmas, rostro y silencio. Cuadros que cuelgan de cada rincón de mi alma.

Deslumbráte con los pasos ágiles de ésa bailarina famélica que vuela sobre un caballo, que parece tan feliz, y tan destruida, que posee una sonrisa capaz de frenar a todo un ejército, ensombrecida por el hueso que se confunde con la piel transparente de su rostro. No tiene miedo, y al tiempo se destruye, sacudida por los golpes inclementes y crueles del verdugo encapuchado que parece perseguirla eternamente. Él representa el miedo, arde el suelo a su paso, huyen los colores de su mirada cruel y sedienta de lobo rabioso y hambriento, saben sus manos cómo hacer temblar a aquella bailarina que ha olvidado cómo caminar sin su montura que la lleve. Y se hunde bajo los golpes agoreros del terror puro, se rompe, y se desvanece, mientras su caballo ha desaparecido en algún lugar de estos pastos devastados. La lluvia borra sus huellas, inunda, desborda, y arrasa como una guerra civil imparable y destructora. La lluvia, un consuelo salado y amargo que apenas llega cuando hay sequía, que apenas cae, que apenas es sentida.

Allá, al fondo, entre las sombras podrás ver un músico desmotivado que contempla sin voz ni rostro sus manos ausentes. Y cuando alza la vista para contemplar a la niña vestida de harapos que tira de su brazo buscando su atención se desvelan los ojos de un ciego que no sabe mirar, que no se deja ver, que se venda para olvidar que ya no puede tocar. Es entonces cuando la niña se aleja de él, acaricia con un gesto ausente un violoncello caído y ajado, y se marcha corriendo con los pies desnudos en busca de una madre protectora que esconde un puñal a su espalda. La noche no tiene luna, no tiene estrellas, no hay brisa alguna que anima los sueños muertos y desterrados. Repudiados, rechazados, condenados a compartir entre ellos el fracaso y el éxito de otros. Obligados a vivir encadenados a su derrota absoluta, al abandono que sufrieron, a no ser más que un recuerdo borroso y perdido.

Sobrevuela el cielo un niño desnudo y desnutrido, de piel marchita y cuencas vacías, de pecho abierto y corazón frío. Sus suspiros hablan de un amor robado, de un sentimiento asesinado, de una separación salvaje y encarnizada, sin posibilidad de ser restaurada. Y sobre él, impera el silencio, la cólera y el odio vigilan con ojos de rapaz, esperando un brote, un gesto de rebelión para alzarse con él y derruir todo cuando puedan a su paso. Ambos recluidos al cementero de las ilusiones y los sueños cuentan en silencio los segundos para escapar de él y arrastrar con ellos los fantasmas muertos de toda una vida, blandiendo el estandarte de un hombre, buscando su sangre, su cabeza, la venganza que nunca pudieron sentir y que los corroe lentamente. El deseo de destruir, de devolver el daño recibido, de levantar un imperio lúgubre y tétrico e imperar con la desazón, la desesperación, las derrotas que pocos han osado descubrir.

Y, si aún queda valor, si aún quieres saber lo que realmente soy, alza el rostro de la primera criatura con vida que atrapes por allí, atrapa sus ojos con los tuyos, busca la luz que irradia toda criatura, el pequeño farol que guía en la oscuridad, que alienta cuando afuera hay tempestad.

No la encontrarás.

2009_0922amiens40073Mañana podría morirme, mañana, o tal vez hoy. Tal vez en una semana, en un mes, en años. Quién sabe. No me gusta preguntar por respuestas extrañas. Pero hoy, sólo esta noche, supondré que mañana me muero. ¿Por qué mañana? ¿Y por qué no? A la vida no le gusta rendir cuentas, ni a mí pedírselas. Es mañana porque es futuro, porque ayer no puede ser, y porque hoy estoy viva. No me preocupa el tiempo que separe mañana de hoy, no me importa, y tampoco debería importar a todo el que se obsesiona con él. Supondré que mañana moriré, una suposición absurda. Es la única certeza que tengo.

A muchas personas les gustaría parar el tiempo, disfrutar y hacer todo lo que no han hecho. Hacer, por ejemplo, aquél pequeño regalo que nunca tuvieron ocasión de comprar, o ése viaje que siempre desearon realizar. Decir, incluso, las verdades que han sabido guardar durante mucho tiempo. Muchas personas harían lo que en su vida normal no hacen porque sólo la certeza de su propia muerte parece traerles la libertad que necesitan para decidir y traer el libre albedrío a sus vidas. Son aquellos que dejan la vida pasar sin atreverse a empaparse de ella, sentados tranquilamente mientras esperan la oportunidad de hacer todo aquello que anhelan.

Yo no. Tampoco puedo juzgarlos por ello. Intento hacer de cada día una pequeña aventura, y quién sabe lo que traerá mañana. Sí, hay cosas que me gustaría hacer, pero no necesito saber que me muero para llevarlas a cabo. Las cumpliré igualmente. No me gustan los días cojos, las horas vacías, ni los ratos malgastados en esperas absurdas. No me dicen nada, no tienen historias. Y a mí me gustan las historias. Me gustan mucho. Tal vez porque dentro de ellas hay un poco de la mía.

Algunas negarían la verdad, se empecinarían en un acto absurdo por blandir una inmortalidad fingida e inexistente. O tal vez se sentarían a esperar, abandonar los instantes que les quedan, robándoles su valor como al resto de su vida. Todos ésos instantes que son más que oro y que caen a tierra sin ser aprovechados si quiera. Yo no. No pienso sentarme a esperar a que vengan a buscarme. Tampoco quiere decir que me lance a sus brazos.

A otras personas les gustaría contar la trayectoria de sus vidas, sus pequeñas aventuras, su pequeña leyenda. Pasarla a papel, o regalarla a quien la quiera escuchar. Creo que yo soy de éstas. Por mi silencio, por mi mutismo, o por mi pequeña costumbre de plasmar tantas cosas en palabras. Y, como toda historia, todo debe empezar por un pequeño comienzo. ¿Dónde está mi principio? No lo sé, realmente. No puede situarse el día que nací, puesto que no lo recuerdo. Mi primer recuerdo consciente me llegó al año y medio de vida. Supongo que éso podría considerarse mi principio, un principio extraño, difuso y poco agradable. Un principio oscuro. Pero un comienzo, al fin y al cabo. No todas las historias tienen un ”Érase una vez” que las respalde. La mía no.

Podría decirse que tuve una infancia feliz, pero no plena. Y breve. Breve para mi gusto, claro está. Mi adolescencia no fue especialmente memorable, sumida en una noche aparentemente eterna. Pero poco a poco llegó el alba, y como todo, con algo más de luz los problemas parecen disolverse. También podría decir que el crepúsculo llegó tarde, para mi gusto, y que los años que me pasé a oscuras no fueron algo de lo que pueda estar orgullosa, pero tampoco algo que rechace. No se puede rechazar lo que es uno mismo, todo lo contrario, abrazarlo con fuerza. No podría volver a vivir dividida, disuelta en dos. Al menos no tan severamente. Tampoco quiero. Ahora que me conozco no puedo dejar de intentar comprenderme. Se ha vuelto en mi pequeña droga personal.

El hecho de que ahora me apetezca tratar el caso hipotético de una muerte prematura no es más que una pequeña reflexión que dejo caer al aire para que la arrastre con él y se la lleve tan lejos, o tan cerca, como guste. Yo tengo dentro al orador, y él sólo se lleva sus palabras como un pregonero que grita un mensaje real. Salvo que mi mensaje no es real, y tampoco quiero que sea gritado. A fin de cuentas, los gritos sólo se dan para alcanzar a la gente que más lejos está de nosotros. Dos corazones cercanos no necesitan más que susurrar para decirse un te quiero.

¿Y qué más diría en esta biografía que no es biográfica ni es mía? Podría vencer a la eternidad hablando de lo que no soy, de lo que sé que soy, o de lo que podría ser. Podría derrotar al futuro con imágenes de pasado, o incluso apagar la luna con tristes miradas de desconsuelo. Pero no quiero perder las palabras, ni los recuerdos, ni la luz tranquila, serena y fría de la luna creciente que me ilumina. Las quiero para mí, para que cuando la muerte llegue de veras a mis puertas, para cuando realmente la despedida que llegue sea irreversible tener un sinfín de historias que regalarle al viento para que, como esta noche, las lleve con él a los oídos que quieran escucharlas.

Así pues, brisas de invierno, llevad con vosotras todo aquello que no supe decir.

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