Así que esto es lo que soy. Una criatura enjaulada, apaleada, herida, acorralada, mordida, enferma, abandonada, maltratada, vendida, repudiada, ignorada, y, por encima de todo, olvidada. He sido tantas veces la causante de tantos problemas, de tantos males, de tantas lágrimas… He sido tantas veces la mano que ha golpeado al corazón indefenso, la que ha hecho daño, la que ha provocado el dolor, la que ha sonreído cruelmente, o la que ha devastado todo con una ira injusta y sin fundamento alguno. He sido tantas veces aquella que originaba el mal, el eslabón débil, el punto flaco, la oveja negra. He sido el objeto de su ira, de su rabia, de su cólera, la piedra en su zapato, la traba en su camino, el bache de sus vidas. He sido el muro contra el que rompe el mar, el techo que frena la lluvia, la ventana que desafía al huracán, el pequeño pero valiente insecto que se enfrenta al león.
He sido mil veces vencida, mil veces aplastada, derrocada, desgarrada, apartada, humillada, deshonrada, acusada de cientos de males, de tantos dolores. He sido siempre la bailarina que no supo seguir el ritmo, el músico de notas incorrectas, la chica descarriada de la fila de la vida. He sido siempre un error, un fallo, un accidente. Y no puedo hacer otra cosa que seguir siéndolo.
He sido, y soy, la acusada de tantas derrotas como estrellas posee el cielo, la culpable de tantas decepciones como gotas tiene el mar. La que ha sido engañada, la que ha sido confiada, para después ser abandonada, la que ha sido alegre, y después ahogada. He sido tu error más lamentable, la sombra de tu ilustre camino, aquella que tantas veces te ha hecho avergonzarte.
He sido el fantasma de tus sueños, la sombra sobre la que tus ojos nunca se posaron, el viento que tus labios nunca suspiraron, el sonido que tu voz jamás articuló. He sido tu olvido, tu ignorancia, tu pequeño vacío espiritual. He sido el resultado de tus decisiones poco acertadas, pero jamás el origen de tus victorias. He sido la espada rota, el escudo inservible, la armadura molesta y pesada. He sido un estorbo, y como tal, he sido apartado allá donde no fuese necesario.
Y ahora me siento llamada, me siento atraída, me siento buscada. Han abierto las puertas de mi jaula, para llevarme a otra más grande, mas igualmente cerrada. Ahora soy necesitada, ahora soy un enmiendo, una promesa, una estrella capaz de brillar en el más terrible de los cielos. Ahora soy orgullo, soy fuerza, estoy bendita y llevan mis ojos la energía en ellos. Ahora soy gloria, soy ilustre poeta, gran artista, soñador nato de gran talento, todos ellos recién encontrados.
Ahora soy lo que nunca he sido. Ahora no fui una niña indeseada, ahora no fui una carga insoportable. Ahora no fui.
No soy lo que creía ser. No fui lo que he sido. ¿Qué demonios seré?
Y me pesan los hombros, me pesa la vida, me pesa el futuro. Me duele el pasado, me asaltan las dudas, me devora la impotencia, y se estrella contra mi frustración infinita.
Y se me cansan los ojos, se me cansa la espalda, se cae la carga a ambos lados del camino.
Y debo seguir caminando, debo seguir adelante aún sin lo que he perdido, debo mantener el ritmo de mis pasos como el reloj motor capaz de unir los días. Debo, por mi bien, no preguntar, no pensar, y sólo caminar.
Debo callar, mujer de labios cosidos, debo encadenarme en mi silencio, tragar mi veneno, encoger el cuerpo y recibir el siguiente latigazo de la mano que me da de comer. Debo, por mi bien, dejar de alimentar las esperanzas famélicas de libertad, o me consumirán.
¿Qué seré, cuando caigan los días y sólo me vea la luna, desnuda y vacía? ¿Qué seré, cuando se encuentren mis ojos con su reflejo, incapaces de esconderse de ellos mismos?
¿Qué seré, cuando mi voz rompa el silencio que tantos años ha guardado?