Feeds:
Entradas
Comentarios

Cuando se pone el sol y la dama blanca luce sus más bellos ropajes, cuando el cielo se cubre de un dulce manto de diamantes, y la tierra emite su sonido más abismal, cuando todo es sombra y ya nada es realidad.

La oscuridad avanza lentamente, toma fortalezas a su paso y extiende su manto de recuerdos y sueños aún sin soñar. La noche me abraza dulcemente, me mece y me acoge en su seno. Su propia tonalidad ensombrece mi rostro y poco a poco voy cayendo en mi pozo de sentimientos.

Corre el aire, traviseo, y juega con mi pelo. Deja caer pequeños aromas que me embargan, y lentamente voy olvidando que una máscara cubre mi alma. A lo lejos suenan varias campanas. He olvidado que sé contar.

Lentamente me dejo llevar, recuerdo, tiemblo, y al mismo tiempo sonrío, me enternezco.

Me acaricia la noche mientras poco a poco me voy dejando llevar, cansada de forjar mi inquebrantable armadura nueva cada mañana porque durante el día ha quedado hecha pedazos. Se me escurren los segundos y voy cayendo en mi propia charca de sentimientos, mi alma libre y desencadenada lanza su lamento, y mi corazón pequeño y tembloroso comienza a bombear sangre cargada con toda la chispa que anteriormente fue retenida.

Los sentimientos toman entonces el control, mi mente agotada es ya incapaz de ofrecer la más nimia resistencia. Entonces vuelvo a perder, vuelvo a dejarme caer, y en la simple y llana oscuridad de la noche veo llover sobre mí. Llueve en mis ojos, truena en mi interior, a lo lejos una estrella se apagó.

Temo la noche puesto que me despoja de mi valor. Anhelo su abrazo, porque me arrebata el dolor.

No intentes juzgar mi dolor si no conoces la totalidad de su extensión. No pretendas ser el juez de una guerra en la que jamás mostraste el más mínimo interés. ¿Acaso crees que puedes manejarme como te plazca?. No soy una estúpida marioneta, no pienso dejarme dominar por tus estúpidas cadenas de palabras impregandas de veneno. Intentas seprarme de mí misma, durante mucho tiempo fuiste el origen de mi dolor, de mi mal. Intentaste romperme en dos, destrozar mi sueño y nublar mi mirada.Durante un tiempo lo lograste, pero ahora ya tengo fuerzas para alzarme airosa. No creas que esta batalla es toda tuya, porque aunque no pueda vencer la guerra puedo ofrecer brava resistencia.

Estoy harta de que me hagas sentir siempre mal, de que todo lo que haga por mis propias convicciones sea vano, inútil. Estoy cansada de que mis palabras sean siempre puestas en duda, de que jamás creas las verdades que te cuento y que pongas en entredicho lo poco que sabes de mí. Pretendes conocerme cuando nunca mostraste el más mínimo interés en lo que soy, en lo que fui. No tienes que engañarte, no me importa ni me afecta. Argadecería que por una vez admitieses tu error, uno sólo, entre millones.

Ya está bien de dejarme manipular, de hacer lo que crees que está bien porque tú y sólo tú lo veas correcto, sin importar lo que piense yo. No has visto la extensión de mi quemadura para juzgar el mal que me han hecho, has cerrado los ojos y te has tapado los oidos cuando te he pedido ayuda, y no has celebrado uno solo de mis logros conmigo. Y sin embargo tú sabes todo, sabes en qué sentido gira el mundo, aunque sea un mundo que no conoces y nunca quisiste concer.

Ya no soy un pequeño satélite a tu lado, una hormiga perdida que busca su hormiguero. Me he forjado una armadura con mi propio dolor, dolor que tú creaste. Me he hecho fuerte con el sufrimiento que tú has originado y he aprendido a sonreír cuando por dentro me estabas matando.He aprendido a no llorar a cada puñalada que tú me dabas. Ahora me he despegado de tu órbita, soy planeta errante, hormiga perdida, pero libre.

No sé por qué sigo permitiendo que tus palabras me afecten, la costumbre es un hábito duradero. Has intentado ahogarme demasaidas veces, muchas lo has conseguido, pero yo ya sé nadar. Y voy a nadar muy lejos, donde no me puedes hacer mas daño, donde tus afiladas palabras no me hieran y desde donde pueda pensar con claridad, sin que tu juicio me nuble la mente. Muchas veces me has hecho caer, sufrir, llorar, pero he apendido a andar, a correr, a saltar y levantarme. Tus obstáculos no son más que piedras en mi camino, y pienso seguir adelante, por más que intentes detenerme.

Una vez, en un tiempo pasado, me hiciste infeliz. Intentaste separarme de mi sueño, de la única realidad que me hacía vivir. Me atacaste desde varios frentes, convertistes a todos en mis enemigos, me hiciste débil, perdí todos mis pilares y mis apoyos. Y te regodeabas en mi desrgacia, porque mi sueño estaba lejos aunque lo tuviese aquí. Tu propósito era destrozar mis ilusiones, las pocas que me quedaban, intentaste mil estrategias para hallar una mella en mi armadura, pero no la había. Yo quería mi sueño, quería lo que había logrado y no iba a renunciar a lo que tanto me había costado por más daño que me hicieses, por más sola que estuviese, por más que todo fuese del revés. Ya ves tú que idiota fui, porque por no hacerte caso mi sueño se ha hecho realidad. A partir de ahí no he dejado que decidas mis batallas, y qué tonta fui, porque ahora me va todo mejor.

Me he decido más que nunca a no dejarte hacerme daño. He logrado mis pequeñas victorias, ya no me derrumbo ante ti, ni ante nadie.Perdiste el privilegio de verme débil hace mucho, y no has hecho nada por recuperarlo. Pienso salir victoriosa de esta situación, digas lo que digas, creas lo que creas. Mi voluntad se ha forjado en la duda, y ha aprisionado el dolor. Ahora tus trucos de siempre no me afectarán, porque he aprendido a sortearlos. Déjame ya en paz, porque me he vuelto inmune a ti.

Qué pena me das, tú, que te has quedado atrás en mi memoria.

Esta es la triste nostalgia de mis días

Dulce y dolorosa melancolía,

Fría e implacable agonía.

Un mísero soplo de viento estremece mi vida.


Algunos días miro atrás,

Los ojos se me traban de remordimiento.

Otros días el pasado viene a mí,

Entonces el pecho se me hiela, y me pesa la razón.


No he tenido el valor necesario,

No he sido capaz esta vez,

Por más que me cueste he de admitirlo.

No he podido enfrentarme a mi pasado.

salto

Con una sola mano he rodeado lo que fue mi infancia,

He sentido en mi piel el viento gris de la memoria,

He escuchado los gritos de nostalgia,

Y saboreado la melancolía.

salto

Y, derrotada, vencida, abochoranda

He devuelto a su lugar lo que jamás debí sacar.

He recordado lo que una vez fui, lo que pude ser.

Y he sido incapaz de enterrar el símbolo de mi historia.

salto

Con los ojos tristes,

los hombros pesados,

la cabeza gacha,

Y el corazón encogido.


He dejado reposar otra vez,

La agitada esencia de mi infancia,

La felicidad que una vez allí encerró,

Ahora es lejana como el mismo sol.


Puedo ver su esplendor,

El brillo que una vez albergó.

Puedo saborear esa victoria.

Y al mismo tiempo saber que jamás vovlerá a ser mía.


Ahora más que nunca me pesa la razón,

Me pesa y me hiere,

Me agobia saber, me ahoga ser consciente

Y al mismo tiempo me hace fuerte.


Sé que me robaron los sueños,

Sé que no volverán, que son pasado.

Sé que es hora de volver a empezar y enterrar,

Y sin embargo no soy capaz.


Se me sigue estremeciendo el corazón

Sigo sientiendo el vértigo, esa horrible sensación,

Sentimiento que me aprisionó,

Al verme conocedora del final del cuento.


Los años pasan, tan lejanos y ajenos,

Inmutables a mi estado.

Mi vida pasa, nueva, libre resplandeciente,

Y sigue sonando esa triste melodía de pasado.


Ya no es la soledad,

No es la tristeza,

No es la derrota,

Esas ya quedaron atrás.


He llegado a un nuevo capítulo de mi hsitoria,

En él ya no estoy sola, hay alguien conmigo,

No hay vuelta atrás, y tengo tanto valor como inseguridad.

Sin embargo, nuevos horizontes no borran los viejos,

Siempre inalcanzables.


Algún día nosotros seremos tu pasado, un recuerdo borroso, difuso, una memoria alegre o triste, el símbolo de una etapa de tu vida, un evento particular. Seremos un momento pasado, dulce, un recuerdo breve o intenso, seremos ése motivo por el que sonreirás al despertar, por el que mirarás con nostalgia tiempos pasados y llorarás con nostalgia. Seremos esa cálida tarde de verano, donde no faltaba ninguno y todos sonreíamos. Seremos ése invierno tan frío, ése cálido abrazo infalible que siempre te hacía sonreír, ésa fuerza que te dio el valor para ser real y existir. Seremos tus compañeros de fatigas, esos que ya no están pero siempre estuvieron, seremos tus ayudantes, que nunca te dejaron de lado y estuvieron constantemente.

Algún día recordarás a cada uno de los que estuvieron a tu lado durante tantos, y tantos años y sonreirás al saber que aguantaron contigo hasta el final, y que aunque ya no estén, siempre te querrán.

Seré una nota en papel sepia, un pequeño dibujo en unos apuntes ya olvidados. Seré un rostro borroso en tu memoria, pero un nombre fuerte, uniforme. Recordarás momentos, lucharás por mantener siempre el contacto que tenemos ahora, que siempre tuvimos y que sabemos que acabará por romperse, que el tiempo y la vida marcará miles de caminos diferentes para cada uno de nosotros y que irremediablemente sucumbiremos ante ellos.

Llegará un día que nos echaras de menos, un día que querrás vernos. Esos días serán difíciles, y todos los sufriremos, prometeremos vernos, no dejarnos caer en el olvido, y fallaremos. Un día olvidaremos todo, y otro volveremos a recordar, con media vida ya completa y nuevos recuerdos que te llenarán. El final de una etapa marca una separación, y son muy pocos los que llegan a sortearla y mantener con fuerza el contacto que estuvo a punto de romperse.

Nosotros somos y seremos eternamente tu pasado, tus primeros años, tus primeros apoyos. Nosotros dejaremos de ser tu posible futuro y seremos remplazados por otros, nuevos, quizá menos dignos, pero inevitablemente caeremos de lado. La vida seguirá su curso, y a pesar de todo lo que hagamos, siempre recordaremos los años pasados con cada viejo compañero de fatigas, empezando siempre por la frase ”¿Recuerdas?” y terminando tristemente con ”Hace ya tanto tiempo…”

El río empieza frágil, pequeño y unido, para luego separarse y dividirse en cientos de caudales. Nuestras vidas sufrirán irremediablemente el mismo curso, y quizá algún día se vuelvan a unir.

Mientras tanto, recordaré todos y cada uno de los nombres que marcaron mi infancia, que marcan ahora mi vida, y que sé que extrañaré. Porque serán mi pasado, al igual que ahora son mi presente.

-Dato añadido a la entrada: Respuesta de mikk.

Otro punto de vista: Sin presente no hay futuro.

Es cierto que no hay que dejar que el presente te retenga. Has de retenerlo tu a él.

El pasado es lo que en algún momento existió, el presente es lo que existe en este momento. Pero el futuro no es lo que existirá, pues el futuro como tal no tiene existencia, solo la alcanzará a través del presente.
Hasta entonces sólo será uno o muchos planes, sueños y esperanzas, y sólo una de ellas, o ninguna, llegará a existir. El futuro, sin presente, no es nada.
El presente es el nexo de unión de pasado y futuro. Es el punto en el tiempo que, siempre avanzando de manera constante, relega el presente anterior a pasado, y convierte alguno de los posibles futuros en presente. Un instante que se mantiene y se transforma, que constituye la evolución en si misma, la transformación del ser.

Se puede pensar que el presente, al pasar el tiempo, morirá; que poniendo tus esperanzas en él, te encontrarás sin futuro. Pero esto no tiene porque ser cierto. Se puede pensar que el presente se convierte solamente en pasado, pero esto no es así, pues es el presente lo que constituye el futuro.

Las vidas de las personas son sus relaciones, sus vínculos con otras personas, consigo mismas, con el mundo.
Si te aferras a tu presente, lo proteges y cuidas, lo mejoras y potencias, pasará el tiempo y conseguirás un futuro en el que tus relaciones habrán cambiado, se habrán transformado, pero manteniendo su esencia, la esencia del mismo ser. Negándote a que tu mundo caiga en el olvido y sea un mero recuerdo, negándote a decir que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, manteniendo tu presente a lo largo de los tiempos y haciéndote más y más fuerte. Esta es la única forma de encontrar un futuro.

No hay que desistir, sacrificar el presente en pos de un futuro, pues el futuro es solo una etapa más, una prolongación del momento actual; mañana es solo una prolongación de hoy.
Si sacrificas el presente, pasará el tiempo y no alcanzarás futuro alguno, dado que el futuro ansiado siempre estará en el horizonte; y precisa de un camino que seguir paso a paso, en la incesante sucesión de presentes en el tiempo, teniendo que vivir todos y cada uno de ellos, que son a la vez multitud de escalones y una sola escalera para avanzar. Olvidando el presente, volando hacia el futuro, jamás se producirá este viaje, pues el horizonte nunca será alcanzado.
No se puede esperar tener un futuro sin fundamentarlo en el aquí y ahora. No se puede esperar un futuro artificial que no se base en la evolución natural, espontánea y no planificada del presente.

Pensamos en la vida como las relaciones de una persona con su mundo, y tomamos estas relaciones en su momento actual como presente. Si proteges este presente, tendrás un futuro que alcanzar, un presente continuado que mantiene tu ser a lo largo del tiempo.
De lo contrario, si dejas que este presente se marchite y muera mientras te ocupas de buscar un futuro, te habrás perdido a ti, lo que eres, lo que fuiste, lo que pudiste ser y ahora nunca serás. Y entonces es cuando no tendrás futuro.

Viajo por los campos, por los montes por los valles,

Busco un laberinto donde no me siga el llanto,

Lloro en las afueras de mi campo,

Escondo esta pena en el llanto.


Y el dolor se viene meciendo,

Con el viento del anochecer,

Y mientras yo me pierdo,

Y no sé que hacer.


Y si nadie me comprende,

Es porque nadie me ve.


Y a pesar de mis gritos,

Del dolor, de las heridas,

De mis súplicas agonizantes,

Nadie me ve.


Y en mi campo se marchitaron las flores,

Y en la tierra enterrado mi corazón,

Y en mi tumba nadie viene a añorarme,

Porque el olvido me llevó.

Y los rastrojos que crecen,

Enraízan en mi corazón,

Y la azucena que antaño florecía,

Su bello color se ensució.

Y rejas con clavos,

Limitan mi atardecer,

Y la cárcel donde lloro,

Esconde mi forma de ser.


Vuelo por los campos por los montes por los valles,

Busco un laberinto donde no me siga el llanto.


Y no me sirve,

No puedo esconderme,

Porque siempre estoy yo.


Y mi memoria, la más cruel de todas,

Estrangula mi garganta.

Y vano es el suspiro de esperanza,

Porque muere con el amanecer,

Y esta cárcel es mi tumba,

Donde nadie viene a ver

La tímida flor de azucena

Que se fue con el amanecer.


Oh cruel esperanza,

Oh cruel azucena,

Engañasteis a mi corazón,

Y ya no se ni porqué

Ya no sé.

Dos frentes en el campo de batalla, un gran abismo se interpone entre ellos y sin embargo la colisión es inevitable y brutal. A un lado, la oscuridad, inquebrantable, irrevocable y tiránica. Sangrienta división de muerte y desolación, irracional ira y desconfianza, cruel arpía y secreta espía. Núcleo de frialdad, sangrienta y gélida, inmutable al dolor ajeno e impulsada por el anhelo del bien interior, protectora y leal asesina, imparcial en su injusticia y deslealtad.

Al frente, blanca ingenuidad, inocencia pura y límpida, clara dulzura y bondad. Fe inquebrantable y generosidad sin límites, predisposición al sacrificio por el bien ajeno, dispuesta a arrodillarse ante el mismísimo monstruo interior para dejarlo pasar y entregar su alma, su vida, a chorros por un simple acto de caridad.

Crueles damas de hielo imponen su voluntad, marcan las reglas y no dejan que nadie tenga derecho a cometer ninguna infracción, mientras que dulces doncellas regalan amor en amapolas del color del atardecer.

Sólidas barreras limitan mi radio de acción mientras veo cómo mi interior se va matando lenta y despiadadamente. En mi pequeña llanura interior un terremoto ha amenazado la paz recién establecida y ha sacudido los pilares de mis creencias. El apacible paisaje se ha desmoronado, ahora el horizonte se tiñe con la sangre de mis pensamientos muertos y arde con fuerza todo lo que contenía inocencia infantil y estúpida confianza. La tierra ha sufrido los males de la guerra y se ha roto a su vez, en dos pedazos, separados y en constante batalla.

Y yo, condenada a verme morir, asesinada por mis propias creencias, derrotada por mi propia fe y mi ingenuidad. Destrozada por mi propia ética y devastada por lo que creo que ahora es la realidad. Jamás quise tomar partido en esta guerra, jamás quise que entrase a mi casa, y por ello cerré la puerta con llave, porque a cada batalla interior, a cada guerra civil que estalla en mí, la desolación y la devastación acaban alcanzado su máximo apogeo a expensas de mi voluntad y mi fortaleza interior. Porque a cada nuevo enfrentamiento, pierdo una nueva ilusión, a cada nueva escabechina pierdo un punto de apoyo, y apenas me quedan firmes columnas que me puedan soportar en pie.

La masacre es inevitable y como tantas otras veces me vendo los ojos para no ver lo que está pasando, para no verme morir una vez más y resucitar de un montón de cenizas que se volverán a quemar. Sin embargo la venda no tapa los gritos de socorro que me llegan distantes y difusos, pero nítidos en la plegaria expresada. No quiero tomar parte en esta guerra, sin embargo, soy parte de ella, y ella parte de mí.

Y sé muy bien que hasta que no tome parte por un bando el conflicto me consumirá interiormente, y yo me moriré indecisa dejando que a mi alrededor se consuma la poca felicidad que me había logrado construir.

Dulce perfume de la infancia.

Acabo de retroceder en el tiempo, repentinamente he recordado miles de momentos que creía perdidos y apartados. De repente se ha abierto una ventana que creía sellada, y la luz de mi infancia me ha irradiado con tal fuerza que he recordado lo que era la felicidad de ser niña, de disfrutar y sentirse querida, protegida. Hacía tanto tiempo que no me sentía así, tanto que lo había olvidado.

Había perdido la llave para abrir esa celosía, y el sol ya no entraba a mi oscuro interior, y sin embargo ahora mismo la caja soldada en la que se encotnraba la niña que perdí acaba de explotar, revelando miles de ilusiones, sueños y momentos que consideraba muertos. Jamás sospeché que una sola cosa pudiese tener ese efecto en mí, en la fría e inquebrantable imagen que llevo cada día.

En apenas unos segundos esa máscara de hierro se ha resquebrajado y las emociones me han tomado. Nunca di tanta importancia a mis recuerdos, puesto que sólo eran momentos amargos que preferiría olvidar. Y ahora acabo de redescubrir una parte de mí que no quiero perder, bajo ningún concepto y de ninguna manera. He descubierto mi pasado, el que viví y se me pasó tan rápido porque fui feliz. Millones de olores, sonrisas, abrazos y unos ojos que me miraban con amor han invadido mi mente.

Hasta ahora, jamás pensé que me podría emocionar con una canción, y mucho menos llorar de alegría. Me acabo de dar cuenta que a pesar de que no lo veo, sí que hay alguien que está para mí, alguien a quien cuando ya no esté voy a echar tanto de menos que los ojos se me apagarán, pero que la misma canción los encenderá. A pesar de todos estos años, sigo siendo la misma niña que le pedía a su abuela una y otra vez la misma nana para dormir. Y entonces me tomaban en brazos, me mecían con amor y me abrazaban tan fuerte que me sentía segura y me dormía bajo los ojos atentos de mi abuela y la dulzura de su voz cuando me cantaba ésa nana.

Encontré el arcón de mis ilusiones, tenía la llave en la cerradura y sin dudar un segundo lo abrí. Soplé el polvo que se había instalado allí, eché el abandono de aquel lugar y me asomé para ver su interior. Había una pequeña niña en su interior, una niña feliz, la otra mitad que perdí en algún momento y en algún lugar, la otra niña que ha de apoyar a la que tengo encerrada dentro de mí, la que ha de dar valor a la pequeña y tímida niña que sigo siendo. Sin saber muy bien cómo ni porqué saqué a ésa niña del arcón, tenía una sonrisa radiante y emitía fuerza. La llevé al lado de mi otro yo y delante de mis ojos se unieron. Me sentí completa por primera vez en muchos años, y compredí que ambas mitades eran inseparables, inquebrantables, y que en un acto de locura las separé antaño y por ello me había sentido tan mal durante tanto tiempo. Había pretendido seguir adelante sin dejarme ilusionar, pero qué ingenua fui porque al no tener ilusiones todo lo que sentía era dolor.

Cuando volví para mirar de nuevo en el arcón encontré algunos juguetes rotos, usados y gastados, juguetes que habían completado su ciclo de vida y habían tenido una utilidad. Y en una esquina, llenas de polvo y suciedad, encontré unas alas con las que una vez soñé, unas alas blancas, limpias y puras, unas alas con las que no aprendí a volar pero que seguían estando ahí. En mi sueño tenía uans alas magníficas, preo no sabía volvar, no podía despegar. Ahora he encontrado las alas, están un poco ajadas y tienen algunos rotos, pero son mis alas, son la ilusión y los sueños que me corté.

Y ahora estoy dispuesta a aprender a volar.

Ayer el cielo se apagó de repente para mí. Anoche todas las estrellas se escondieron detrás de las nubes y dejaron que la oscuridad iluminase mi más triste y oscura noche. Recuerdo que era tarde cuando me embargó el llanto, que nunca me he sentido más incapaz de luchar en toda mi vida. Sentía que se me escapaba la fuerza, el valor por momentos, que se me caían de las manos, de los ojos a cada gota, hasta llenar un océano.

La luna se mostraba tímida, rota, y gris. Recuerdo que era tarde, y quería irme de aquí, quería irme muy lejos, dejar esta realidad atrás. Quería dejar el dolor encerrado en una simple habitación, donde no me pudiese alcanzar. Sin embargo anoche fui su presa, me atrapó con toda su fuerza y me vine abajo en todo mi esplendor. Lentamente, y súbitamente, de mis ojos manaba dolor, y no podía evitarlo. Sólo quería detener el sentimiento de abandono que anoche se apoderó de mí, despegarme de este cuerpo ajado y usado para alzarme con uno nuevo y totalmente inviolable.

Sentía que me ahogaba en mi propio mar de pena, esta vez no por la soledad, sino por sentirme abandonada, olvidada, menospreciada. Deseé poder hablar, tener a alguien que me supiese escuchar, necesitaba un abrazo, algo, que me hubiese recordado la razón por la que me desperté esta mañana. Miraba el cielo rogando perdón por mis errores, suplicando otra condena, se me empañaba la vista mientras caía en la cuenta que siempre ha sido así, que ésta ha sido mi vida.

Y me volvía a venir abajo por darme cuenta ahora, tan tarde, ahora que ya no puedo cambiar nada. Quise huir, llamar, pedir ayuda, pero tenía el corazón helado y el alma rígida. No podía pensar con claridad y por más que intenté salir de la espiral en la que caí, me hundía más y más. Finalmente me dejé caer de lleno, rompiéndome en mil pedazos y diseminándome en mil rincones de mi habitación. Abracé fuerte la almoahda, y poco a poco el sueño se apoderó de mí.

Ahora tengo miedo, sé la realidad que se esconde tras de mí, y necesito más que nunca sentirme alguien, sentir que lo que yo quiero no son nimieces, que mi opinión se tiene en cuenta. Necesito más que nunca sentirme protegida, porque me han dado un golpe tremendo que estoy afrontando sola y que me está destrozando. En menos de 24 horas he perdido más de la mitad de mis valores, más de la mitad de mi alma, y más de la mitad de mis lágrimas. Ahora mismo me he colocado en una posición lejana a este mundo, desde donde me pueda curar las heridas, para regresar y que me vuelvan a dar.

He perdido la cuenta ya de las veces que he prometido cambiar, que me he propuesto confiar en las presonas y dejarme ayudar. He perdido los motivos que me llevaron en su día a decir que lucharía por ser feliz. Por eso necesito más que nunca sentirme bien, sentirme segura, a salvo. Necesito mi propio chaleco salvavidas, porque el mio ha pinchado.

Necesito desesperadamente que alguien me recuerde qué demonios sigo haciendo aquí.

Se me está escapando el aire,
Tan lentamente, y tan suave,
Tan dulce y cruelmente indomable,
Tan rápido, que se me vuela el tiempo.

Los segundos son horas,
Y las horas segundos,
Los minutos días
Y los días mentiras.

Mi fe, mi valor y mi coraje,
Mi libertad, mi fuerza,
Y mi voluntad,
Piezas indispensables.

Mi brújula no entiende de nortes
Sólo de rumbos perdidos,
De caminos secretos,
Y de sendas indescifrables.

No quiero catelejos,
Que me muestren lo lejos.
No quiero espejos,
Que me reflejen recuerdos viejos.

Mantengo la mirada alta,
El rostro serio y la determinación firme.
El alma partida, los ojos secos,
El corazón tímido y la tormenta sobre mí.

Y a cada mentira me hago más fuerte,
A cada día cuento los minutos,
A cada hora, los segundos,
Y a los segundos, les dedico horas.

Forjo mi felicidad en esos pequeños detalles,
Ésos estúpidos puntitos, simples gestos,
Incomprensibles actos, todos ellos indispensables,
Todos ellos nublando el oro.

El mismo cielo a cambio del silencio,
El astro rey por una palabra de amor,
La bella luna por una rosa blanca,
Mi vida entera por un segundo más.

Tan importante y tan débil,
Tan fuerte y tan frágil,
Tan grande y tan pequeño.
Uno solo y mi mundo entero.

Valor en mi fuero interno,
Lava ardiente, llameante,
Resplandeciente e indomable,
Energía de mis ojos.


Me matas. Yo ya no puedo más, lo he intentado con todas mis fuerzas, he intentado comprender lo que haces, lo que me estás haciendo. Pero tú no te das cuenta, vives en tu mundo, ése que te has creado y dónde yo no tengo pasaporte, ni tarjeta de acceso. Me haces sentir mal, me atacas, me hieres y cuando estoy sangrando y dolorida entonces te haces la víctima. Intento comprenderte, decirme que eres así y es mi culpa, que no sé leer tus silencios, pero cada vez se encriptan más y mis interpretaciones se quedan cortas. No puedo acercarme a ese mundo nublado en el que vives, me agotas, me haces sentir inútil, pequeña e indefensa y yo tengo un límite. Un punto a partir del cual me vuelvo irreversible y áspera. A veces siento que soy transparente y que por eso no me ves, y por eso pasas por encima de mí y cierras los ojos cuando los mios suplican ayuda. A veces pienso que no oyes y que por eso no haces caso de mis quejas y protestas, que no oyes los gritos de mi silencio que te pide un minuto de atención para mí. Y ¿sabes qué?, ya me he cansado de vivir a tu sombra, estoy harta de ser la mala de esta historia, de ser yo quien siempre hace el mal y no sabe rectificar. Estoy harta de que por mi culpa tú estés mal, porque no he hecho nada y porque lo he hecho todo. Yo ya no sé qué hacer para cambiar las cosas, he hecho lo que he podido. He intentado escuchar más, ver más, y sólo he visto que todo lo que haces es para tu beneficio personal sin preguntarte un sólo segundo si lo que haces afectará a alguien más o no, si tendrá más o menos consecuencias. ¿Para qué hacerlo? si estoy yo que lo hace por ti, tu esclava que da la cara cuando tú no quieres, la que se deja golpear y apalear, la que está a tu sombra y se siente sola… Me he cansado de toda esta historia sin sentido y sin terminar, me he cansado de tu estúpido juego y de tus normas que agotan mi existencia. No voy a seguir siendo tu perro fiel y austero. No voy a seguir este suma y sigue, porque no puedo sumar más. He llegado a un punto en el que no hay vuelta atrás. Has acabado conmigo, con mi paciencia y con todos mis motivos para permanecer a tu lado. Has destruido las bases de mi existencia y has desencadenado la aparición de mi otro yo. Ahora no quiero reclamaciones, porque tú te lo buscaste.

Entradas antiguas »