Devuélvemela , devuélvemela. Maldito amanecer que te la llevaste de mi lado. Maldita la suerte que a mí te trajo para arrancarte tan salvajemente de mí, cuando te necesitaba, cuando te quería, cuando más te amaba. Maldito el cielo gris que te arrancó la vida, entre un dolor infinito y mi alma perdida. Alegre esta mañana teñida de añil, y yo inocente que no te supe ver. Vuelve a mí, vuelve a mi lado, te necesito, no quiero creer que te has evaporado.
Devuélvemela, devuélvemela. Brisa cruel de la mañana, soplo de muerte y desolación. Vida injusta y despiadada, bien podrías robarme el alma, pero nunca debiste hacerle daño, a ella, a mi guía, a mi leal compañera, a mi única estrella. ¿Qué voy a hacer ahora yo sin su sabia mirada?. ¿Qué voy a hacer yo?, si ya no está ella, si ya no regresa, si su lecho frío y vacío ya no me llena.
Espléndida figura, noble carácter y alma cándida, la más leal, la más fiel, la más noble, y mía. Ya no estás, ya te has ido, ya te llamo, y no has venido. Ya te grito, entre llantos, ya te anhelo, entre suspiros, ya te sueño, entre gemidos, y ya te añoro, cuando apenas te has ido. Esta noche, cuando el sol caiga nuevamente, no tendrá su manto de estrellas para ti, porque la mañana te lo robó, y por más que intente subir al cielo para reclamárselo al sol, se queman mis alas y mi determinación.
Devuélvemela, devuélvemela. Astro cruel y maldito, cielo frío e infinito, ¿dónde os la habéis llevado? que ya no la veo, que ya no viene, que ya no está. Ella, mi compañera de juegos, mi única amiga, mi gran apoyo. El cálido abrazo que nunca pedía, la compañía austera y modesta, siempre a las espera, siempre a mi vera, siempre tan dulce compañera. Cuán lejos te has ido, cuán imposible me es ir contigo, y cuán arduo se me hace añorarte entre lágrimas dolidas.
Grito, tu nombre, lloro, tu recuerdo, anhelo,tu presencia, siento, un vacío, tiemblo, en soledad, y miro, la nada. ¿Dónde estás?, mi justa amiga, mi buena y paciente consejera, mi siempre fiel protectora. Siempre dispuesta a grandes cosas en mi nombre, siempre buscando mi mirada para hallar el coraje, confiando en mis palabras hasta tu misma muerte. Bendito el recuerdo alegre, que ahora tanto me duele, maldito el amanecer artero, que con él te ha llevado.
Tenían envidia las estrellas de tu siempre fiel y dulce presencia. Tenían celos los astros, de tu noble y esbelta figura. Tenían codicia los cielos, de tu constante alegría. Y he aquí, crueles y malditos todos ellos, que te han robado, secuestrado de mi lado, sin rescate ni escape posible, sin vuelta atrás, sin gloria, tan sólo pena, y soledad.
Yo hoy maldigo al cielo, al sol y los luceros. Maldigo a la luna sangrienta, a su cruel compañera, a su vil escudera. Maldigo en tu nombre a todos aquellos que antaño te hicieron daño, y esgrimo con lágrimas las perlas de tu recuerdo. Yo hoy clamo venganza, y juro por la justicia de tu nombre que no hallará lugar alguno tu recuerdo en los estantes del olvido.
No serán las grandes palabras las que te traigan a mi lado, pero sirven de consuelo para un alma desmembrada, a la que le han amputado salvajemente su más preciado tesoro.
Devuélvemela, devuélvemela. Yo la añoro, yo la quiero, yo la lloro, y la echo de menos. Allá los cielos, los astros, todos ellos, con sus intrigas. Allá ellos con su envidia, cegados por la codicia. Ya no iluminas mis días con tu blanca e inmaculada presencia, y la luna no podrá igualar la pureza de tu alma. Te han robado, te han arrancado de mi lado, pero nunca podrán igualarte, nunca podrán, con sus fuegos y resplandores, a tu brillo equipararse. Nunca podrán, por más que te escondan, por más que lo intenten, porque en mi memoria tu brillo es eterno, y ellos sólo son viejos ávaros oscurecidos por mi odio.
Devuélvemela, luna artera. Devuélvemela, sol engreído. Devuélvemela, cielo maldito. Tan sólo pido un día más a su lado, para poder mirarla fijamente y decirle cuanto la he amado. Tan sólo pido una vida más a su sombra, oculta por la belleza que irradiaba y que le habéis arrebatado. Tan sólo pido una tarde más, para encontrarla asustada y temblorosa, y abrazarla con fuerza, porque había vuelto a casa.
Pero no me lo daréis, porque me la habéis quitado, porque la muerte no devuelve, porque la vida no recorre caminos ya transitados. No volveré a verla, porque se ha marchado, y bien sé que no hay camino de vuelta. Me pasaría la noche en vela, esperándola, llamándola, como tantas otras veces. Pero ella no se ha escapado, y no puedo buscarla. Correría detrás de su gran figura hasta perder el aliento, huyendo de ella y al mismo tiempo persiguiéndola. Pero ella no corre ya, y yo no puedo andar.
Duele, sí. Pero más duele jamás.