Hoy es hora de hablar entre las dos mitades que soy, es hora de mediar y de encontrar una solución. Es el momento que tanto temí, el momento que tanto he evitado, y que ahora se cierne sobre mí. He de decidir, juzgarme e intentar hacer algo de provecho en mí. Una dice que he de perdonarme, que no soy culpable. Me dice que soy como soy y que he de seguir siéndolo, que haga caso a mis impulsos y me deje perder, que rompa con todo y siga sin mirar atrás. Me dice que odie, que desprecie y que no ame. Me dice que no confíe, que soy una ilusa.
La otra me dice que he de hacer frente, que he de aceptarme, puesto que soy como he crecido. Me dice que he de aprender de mis errores, que he de amar y respetar. Me dice que soy un monstruo que sólo yo se vigilar, y que es mi única responsabilidad. Salvar a los otros de mí mientras yo me mato a mi misma. Me dice que no confíe, puesto me harán daño.
En sólo una cosa estoy de acuerdo, pero no sé decidir, no sé elegir. He aprendido a escucharme con el tiempo, he aprendido a mirarme y a odiarme. A amarme y despreciarme. Y durante todos estos años he comprendido que no sé respetarme. No sé quererme. Y, por lo tanto, por mucho que intente perdonarme, aceptarme y seguir adelante, he comprendido que siempre me consideraré culpable de todos y cada uno de mis actos. No he sabido dejar el pasado, no he sabido vivir el presente y no quiero ver el futuro. Mi veredicto es culpable, y mi sentencia será la muerte.