¿Qué precio tiene la felicidad?, ¿a qué he de renunciar para ser feliz?. ¿He de negar todo lo que fui, o aceptarlo sin más?, ¿he de hacerme escuchar o simplemente callar?
Estoy dispuesta a correr riesgos, a llorar, a reír… Pero nunca en vano. Acepto el desafío, doy todo lo que soy sin esperar ganar, sin recibir nada. ¿Soy lo bastante fuerte?, eso no lo sé.
Pero sé que tengo miedo, miedo al miedo. Tengo miedo de sentirme otra vez tan sola como hoy, tengo miedo de sentir que todo mi alrededor me es ajeno, y que sólo estando físicamente sola estoy moralmente bien. He llegado a dejarme tanto que aunque alguien estuviese dispuesto a escuchar, yo ya no sabría hablar.Me es tan extraño, y tan pasajero este sentimiento, tal vez sea sólo un espejismo, pero por una vez, lo voy a intentar. Voy a coger con mis manos la oportunidad que tengo delante, voy a ser fuerte y caminar, sin detenerme. No tengo equipaje, no me hace falta. Sólo sigo mis impulsos, y mis ganas de vivir. De momento camino en círculos, sin rumbo fijo y perdida, puesto que no tengo ilusión ni ganas de reír, pero sé que con el tiempo llegarán. Sólo tengo que esperar.
¿Qué importa si me caigo?, acabo de levantarme del suelo. No tengo miedo de perder, puesto que no puedo estar peor de lo que estaba, sólo tengo miedo al miedo, a volver a ser lo que hasta hace poco he sido. Una tonta, tonta por dejarme arrinconar en ningún sitio, dejándome sufrir y abandonarme sola frente a mí misma, la más cruel compañía. Durante mucho tiempo me he reprochado, odiado, intimidado, gritado, dañado y ahogado. He llorado sola, y en silencio. He sufrido y he sonreído. Miné mi moral y me aferré a mi dolor sin más. Ahora empiezo a soltarme, a escuchar más a mi corazón, tanto tiempo callado.
Sus voces son pequeños susurros, suficientes para empezar un camino. Y si me pierdo, si no sé seguir. Si vuelvo a caer, ¿a quién le va a importar?.