Que tiemble la tierra bajo mi tempestad.
Que mi furia se coma toda maldad,
que sólo quede la caridad.
Que huyan los cobardes de mi ira.
Que se enfrenten los valientes a mi odio.
Que luchen los suicidas con mi maldad.
Que mis gritos atraviesen a la humanidad,
Que mis lágrimas lleguen a tu celda,
Que mi voz ronca rompa el silencio impuesto por el viento.
Que mi corazón lata hasta la saciedad
Que mi vida sea tan intensa como la crueldad
Que mis sueños se hagan realidad
Que la derrota no sepa mal,
Que la alegría sea verdad
Que se deje de lado la vanidad.
Que se alce mi puño,
No para golpear,
Sino para hacerse notar.
Que aulle mi alma,
Que corran mis piernas, fuertes y veloces,
Que luche mi temple y venza mi coraje
Que la fuerza se vea en mi carácter,
Que mi mensaje llegue a toda la humanidad.
Que deje de decir necedades y sea leal, que deje de engañarme y vea la realidad. Que todos tus cuentos se hagan pedazos y todas tus mentiras se las lleve el viento. Que el mundo escuche a esta pequeña, ronca y rota voz, porque el silencio que guarda con celo es revelador. Que mi voluntad sea imperioso ejército que rompa toda oposición, que mis deseos atraviesen los continentes y se claven en la tierra. Que sepa la vida, que se saboree la gloria y se paladee la tristeza, que se pruebe el dolor y se aprenda de él.
