Dulce agonía de mes pasado. Suave condena de tiempo robado y horas gastadas, quemadas, en no hacer nada que me fuera útil. Tiempo marchito, robado por esos malditos criminales que me amargan tan lentamente que no me doy cuenta de lo que me están haciendo. Ellos se han llevado mi tiempo, mi única propiedad, lo único que es mío y que sólo yo puedo controlar. Me lo han robado, ellos, los arteros con sus malditas órdenes incongruentes y absolutistas.
Malditos todos ellos, pues me ahogan sobre mí misma, me obligan a doblegarme a sus criterios y sus caprichos. Y por más que lo intento no puedo hacer más que resistir en silencio, romper una a una las cadenas que me ponen, nuevas cada día. Y se me agota el aliento de tanto forcejear sin resultado, se me van las fuerzas y me lleno de desprecio hacia ellos.
Y sonrío por dentro, porque no consiguen nunca su propósito, porque a pesar de que me asfixien, de que me apresen y me retengan no conseguirán robarme la libertad. Porque jamás me dejaré someter a sus estúpidos criterios sin sentido y cuyo único propósito es ganar poder sobre todos nosotros, romper nuestra unidad e implantarse en nuestras cabezas como parásitos.
Y sin embargo mi cabeza es cada día más árida para ellos, a pesar de sus millones de cadenas estúpidas cada día me siento más libre y capaz que el anterior. No es el agotamiento físico el que me hace perder, y me sigo resistiendo, por el simple placer de hacerlo, de no someterme. Siempre fui ésa que todos señalaban con el dedo mientras me decían rara. Para muchos era una salvaje, incivilizada e indomable. Tal vez tuvieran razón.
No me importa, soy yo misma, así he crecido y he aprendido a vivirme de esta manera. Que los demás acepten o no esto no me preocupa, porque no necesito su aprobación. La única aprobación que necesito es la de mí misma, y la tengo desde hace tiempo.
Reventad de rabia si queréis, no me vais a cambiar y no me voy a dejar. No pienso ser vuestro muñeco y pienso romper todos vuestro hilos. Buscaos otra marioneta, porque ésta no es de madera, tiene corazón y fuerza.
Sacudiré brava vuestro yugo maldito.
Malditos todos ellos, pues me ahogan sobre mí misma, me obligan a doblegarme a sus criterios y sus caprichos. Y por más que lo intento no puedo hacer más que resistir en silencio, romper una a una las cadenas que me ponen, nuevas cada día. Y se me agota el aliento de tanto forcejear sin resultado, se me van las fuerzas y me lleno de desprecio hacia ellos.
Y sonrío por dentro, porque no consiguen nunca su propósito, porque a pesar de que me asfixien, de que me apresen y me retengan no conseguirán robarme la libertad. Porque jamás me dejaré someter a sus estúpidos criterios sin sentido y cuyo único propósito es ganar poder sobre todos nosotros, romper nuestra unidad e implantarse en nuestras cabezas como parásitos.
Y sin embargo mi cabeza es cada día más árida para ellos, a pesar de sus millones de cadenas estúpidas cada día me siento más libre y capaz que el anterior. No es el agotamiento físico el que me hace perder, y me sigo resistiendo, por el simple placer de hacerlo, de no someterme. Siempre fui ésa que todos señalaban con el dedo mientras me decían rara. Para muchos era una salvaje, incivilizada e indomable. Tal vez tuvieran razón.
No me importa, soy yo misma, así he crecido y he aprendido a vivirme de esta manera. Que los demás acepten o no esto no me preocupa, porque no necesito su aprobación. La única aprobación que necesito es la de mí misma, y la tengo desde hace tiempo.
Reventad de rabia si queréis, no me vais a cambiar y no me voy a dejar. No pienso ser vuestro muñeco y pienso romper todos vuestro hilos. Buscaos otra marioneta, porque ésta no es de madera, tiene corazón y fuerza.
Sacudiré brava vuestro yugo maldito.
