Cuando el enemigo está cerca destroza todo lo que toca.
Abril 24, 2008 por Nem
Ayer el cielo se apagó de repente para mí. Anoche todas las estrellas se escondieron detrás de las nubes y dejaron que la oscuridad iluminase mi más triste y oscura noche. Recuerdo que era tarde cuando me embargó el llanto, que nunca me he sentido más incapaz de luchar en toda mi vida. Sentía que se me escapaba la fuerza, el valor por momentos, que se me caían de las manos, de los ojos a cada gota, hasta llenar un océano.
La luna se mostraba tímida, rota, y gris. Recuerdo que era tarde, y quería irme de aquí, quería irme muy lejos, dejar esta realidad atrás. Quería dejar el dolor encerrado en una simple habitación, donde no me pudiese alcanzar. Sin embargo anoche fui su presa, me atrapó con toda su fuerza y me vine abajo en todo mi esplendor. Lentamente, y súbitamente, de mis ojos manaba dolor, y no podía evitarlo. Sólo quería detener el sentimiento de abandono que anoche se apoderó de mí, despegarme de este cuerpo ajado y usado para alzarme con uno nuevo y totalmente inviolable.
Sentía que me ahogaba en mi propio mar de pena, esta vez no por la soledad, sino por sentirme abandonada, olvidada, menospreciada. Deseé poder hablar, tener a alguien que me supiese escuchar, necesitaba un abrazo, algo, que me hubiese recordado la razón por la que me desperté esta mañana. Miraba el cielo rogando perdón por mis errores, suplicando otra condena, se me empañaba la vista mientras caía en la cuenta que siempre ha sido así, que ésta ha sido mi vida.
Y me volvía a venir abajo por darme cuenta ahora, tan tarde, ahora que ya no puedo cambiar nada. Quise huir, llamar, pedir ayuda, pero tenía el corazón helado y el alma rígida. No podía pensar con claridad y por más que intenté salir de la espiral en la que caí, me hundía más y más. Finalmente me dejé caer de lleno, rompiéndome en mil pedazos y diseminándome en mil rincones de mi habitación. Abracé fuerte la almoahda, y poco a poco el sueño se apoderó de mí.
Ahora tengo miedo, sé la realidad que se esconde tras de mí, y necesito más que nunca sentirme alguien, sentir que lo que yo quiero no son nimieces, que mi opinión se tiene en cuenta. Necesito más que nunca sentirme protegida, porque me han dado un golpe tremendo que estoy afrontando sola y que me está destrozando. En menos de 24 horas he perdido más de la mitad de mis valores, más de la mitad de mi alma, y más de la mitad de mis lágrimas. Ahora mismo me he colocado en una posición lejana a este mundo, desde donde me pueda curar las heridas, para regresar y que me vuelvan a dar.
He perdido la cuenta ya de las veces que he prometido cambiar, que me he propuesto confiar en las presonas y dejarme ayudar. He perdido los motivos que me llevaron en su día a decir que lucharía por ser feliz. Por eso necesito más que nunca sentirme bien, sentirme segura, a salvo. Necesito mi propio chaleco salvavidas, porque el mio ha pinchado.
Necesito desesperadamente que alguien me recuerde qué demonios sigo haciendo aquí.