Acabo de retroceder en el tiempo, repentinamente he recordado miles de momentos que creía perdidos y apartados. De repente se ha abierto una ventana que creía sellada, y la luz de mi infancia me ha irradiado con tal fuerza que he recordado lo que era la felicidad de ser niña, de disfrutar y sentirse querida, protegida. Hacía tanto tiempo que no me sentía así, tanto que lo había olvidado.
Había perdido la llave para abrir esa celosía, y el sol ya no entraba a mi oscuro interior, y sin embargo ahora mismo la caja soldada en la que se encotnraba la niña que perdí acaba de explotar, revelando miles de ilusiones, sueños y momentos que consideraba muertos. Jamás sospeché que una sola cosa pudiese tener ese efecto en mí, en la fría e inquebrantable imagen que llevo cada día.
En apenas unos segundos esa máscara de hierro se ha resquebrajado y las emociones me han tomado. Nunca di tanta importancia a mis recuerdos, puesto que sólo eran momentos amargos que preferiría olvidar. Y ahora acabo de redescubrir una parte de mí que no quiero perder, bajo ningún concepto y de ninguna manera. He descubierto mi pasado, el que viví y se me pasó tan rápido porque fui feliz. Millones de olores, sonrisas, abrazos y unos ojos que me miraban con amor han invadido mi mente.
Hasta ahora, jamás pensé que me podría emocionar con una canción, y mucho menos llorar de alegría. Me acabo de dar cuenta que a pesar de que no lo veo, sí que hay alguien que está para mí, alguien a quien cuando ya no esté voy a echar tanto de menos que los ojos se me apagarán, pero que la misma canción los encenderá. A pesar de todos estos años, sigo siendo la misma niña que le pedía a su abuela una y otra vez la misma nana para dormir. Y entonces me tomaban en brazos, me mecían con amor y me abrazaban tan fuerte que me sentía segura y me dormía bajo los ojos atentos de mi abuela y la dulzura de su voz cuando me cantaba ésa nana.
Encontré el arcón de mis ilusiones, tenía la llave en la cerradura y sin dudar un segundo lo abrí. Soplé el polvo que se había instalado allí, eché el abandono de aquel lugar y me asomé para ver su interior. Había una pequeña niña en su interior, una niña feliz, la otra mitad que perdí en algún momento y en algún lugar, la otra niña que ha de apoyar a la que tengo encerrada dentro de mí, la que ha de dar valor a la pequeña y tímida niña que sigo siendo. Sin saber muy bien cómo ni porqué saqué a ésa niña del arcón, tenía una sonrisa radiante y emitía fuerza. La llevé al lado de mi otro yo y delante de mis ojos se unieron. Me sentí completa por primera vez en muchos años, y compredí que ambas mitades eran inseparables, inquebrantables, y que en un acto de locura las separé antaño y por ello me había sentido tan mal durante tanto tiempo. Había pretendido seguir adelante sin dejarme ilusionar, pero qué ingenua fui porque al no tener ilusiones todo lo que sentía era dolor.
Cuando volví para mirar de nuevo en el arcón encontré algunos juguetes rotos, usados y gastados, juguetes que habían completado su ciclo de vida y habían tenido una utilidad. Y en una esquina, llenas de polvo y suciedad, encontré unas alas con las que una vez soñé, unas alas blancas, limpias y puras, unas alas con las que no aprendí a volar pero que seguían estando ahí. En mi sueño tenía uans alas magníficas, preo no sabía volvar, no podía despegar. Ahora he encontrado las alas, están un poco ajadas y tienen algunos rotos, pero son mis alas, son la ilusión y los sueños que me corté.
Y ahora estoy dispuesta a aprender a volar.
Eh, este está mucho mejor que el anterior…