Viajo por los campos, por los montes por los valles,
Busco un laberinto donde no me siga el llanto,
Lloro en las afueras de mi campo,
Escondo esta pena en el llanto.
Y el dolor se viene meciendo,
Con el viento del anochecer,
Y mientras yo me pierdo,
Y no sé que hacer.
Y si nadie me comprende,
Es porque nadie me ve.
Y a pesar de mis gritos,
Del dolor, de las heridas,
De mis súplicas agonizantes,
Nadie me ve.
Y en mi campo se marchitaron las flores,
Y en la tierra enterrado mi corazón,
Y en mi tumba nadie viene a añorarme,
Porque el olvido me llevó.
Y los rastrojos que crecen,
Enraízan en mi corazón,
Y la azucena que antaño florecía,
Su bello color se ensució.
Y rejas con clavos,
Limitan mi atardecer,
Y la cárcel donde lloro,
Esconde mi forma de ser.
Vuelo por los campos por los montes por los valles,
Busco un laberinto donde no me siga el llanto.
Y no me sirve,
No puedo esconderme,
Porque siempre estoy yo.
Y mi memoria, la más cruel de todas,
Estrangula mi garganta.
Y vano es el suspiro de esperanza,
Porque muere con el amanecer,
Y esta cárcel es mi tumba,
Donde nadie viene a ver
La tímida flor de azucena
Que se fue con el amanecer.
Oh cruel esperanza,
Oh cruel azucena,
Engañasteis a mi corazón,
Y ya no se ni porqué
Ya no sé.
