¿Quién es él?, Él, a quien tanto llamo, a quien tanto anhelo, a quien tanto amo. Él es el amigo que nunca está, el tiempo que viene y va, el coraje que se me va. Él es de mi miedo eterno verdugo, y de mi dolor inquebrantable amigo. Es mi luz, y mi despertar, es mi noche, y mi deambular. No es, y siempre fue, es la idea de un caminar. Él, salvaje idea, noble corazón y eterno terror, el que abre las puertas de la imaginación, el imperecedero cerrajero de las puertas de mi razón. Él es dulce, y a la vez amargo, es triste, y de mi vanidad esclavo. Es el que abre los caminos por donde yo paso, y me protege de las sombras que corren a mi lado.
Él es mi eterno maestro, mi titiritero, mi sombra, y mi más puro reflejo. Es el brillo de mis ojos, y el dolor de mi rostro. El camino pedregoso, de baches plagado, y el guía tirano. Él es mi más sagrado compañero, y mi más terrible miedo, despiadado, inmutable, pasado. Él es el recuerdo ajeno, el momento perdido, el llanto contenido.
Él es tiempo, día, sol y miedo.
Y entonces llega ella, la amante eterna, la bella doncella. Ella, mi musa caprichosa, que me roba el sueño, que me susurra con el viento, y me abraza de noche. Ella, indomable inspiración, impaciente niña que me arranca el corazón, segura y cruel. Ella, la lágrima robada, la alegría perdida, la memoria robada y la mirada vacía. Ella es la maldad juguetona, la risa fría y helada que mi alma congela. Ella es la dueña de mi esperanza, y de mi soledad amiga, es la voz que me grita, y de mi ilusión ama.
Ella, mi fuerza, la dama negra que me persigue tantas veces. La sacerdotisa de mis sueños, y de mi imaginación dueña, me roba las ideas, me entrega las palabras, y juega con ellas. Ella es la sonrisa que rompe el hielo, la cadena que me ata al suelo, la voz rota y dolida que se me escapa de noche. Es la desesperación más absoluta, y la desolación que me acompaña.
Ella es esperanza, noche, luna y soledad.
Él es poderoso y espléndido amanecer, ella fría noche de estrellas manchada. Tan diferentes, tan opuestos, y tan amados. Los polos de mi vida, los astros de mis ojos, cada uno una salida. Ellos son la ira, son salvajes, son mi carácter. Son mi escudo y mi espada, Él cota de malla, Ella la daga empuñada.
Ella, mi musa escondida, Él, mi eterno coraje. La eterna búsqueda de mi identidad, la infinita cruzada contra la libertad.
Me siento… Alagado, has hecho caso de mi “petición”.
La verdad, es que me encanta leer tus… “textos” (no pretendo ofender).
Siempre consigues dejarme maravillado *_*