Sabor amargo y ácido de dolor que se clava en la piel. Hoy he venido aquí a despedirme de ti. A decirte que dejaré de buscar la luz de aquella casa que parecía hogar, a dejar de anhelar la calidez de una taza llena de complicidad. Dejaré de viajar pensando en qué contaré al volver. Hoy he aceptado la derrota. Un albatros nunca cantará bien.
Hoy, que me pesan las alas más que nunca, porque por ellas perdí la senda. Hoy, que el mar es más inmenso que ayer, porque soy consciente de que ya no hay tierra a la que regresar. Hoy, que sólo podré descansar en navíos oscilantes cuando la tormenta arrecie, siempre leales. Hoy, que sólo me quedan los recuerdos que dejó la marea en una orilla que ya no sé dónde está. Hoy, que no hay nada más que decir. Hoy, que te vas.
¿Cuándo pasé a ser el enemigo?
Creí, creí con fe inocente. Creí tanto, que he tardado meses en entender, en aceptar, en sentir. He tardado más que nunca en asumir. En comprender que ha vuelto a pasar. Que luché contra mil olas, contra los cielos, contra mi propia naturaleza para regresar una y otra vez, para buscar insaciable, incansable, la puerta del hogar. Puerta que ya no sé encontrar. Y se borrarán las huellas, el calor, la entrada. Brasas frías en una chimenea que no volverá a arder. Jamás creí que pasaría. Jamás. Supongo que me equivoqué.
Y ahora que lo sé, ahora que ha llegado hasta la raíz, ahora que el invierno ha ahogado todos los árboles de mi jardín, no me queda otra cosa que suspirar. ¿Realmente fui yo quien lo dejó todo atrás?
Duele, ¿sabes?. Claro que lo sabes. Tantas palabras, tantas veces, tantos recuerdos que no me dejan ni hablar. Tantas las cosas que decir, que se atrapan unas a otras en una anarquía sin fin. Nadie las escuchará. Y recuerdo. Recuerdo demasiado. Recuerdo la puerta, la casa, recuerdo las mantas, las ventanas cerradas. Recuerdo la protección. Recuerdo dormir en aquella tranquilidad. Pero ya no hay donde volver. Ya no hay más que el horizonte, que el mar y el cielo infinitos por igual. No hay más que mi propia sombra, oscura y negra, la sombra que persigue, persigue constante, que nunca dejaré atrás. La sombra que grita promesas y nostalgia, la sombra que lleva el dolor de un alma rota, la sombra que me atrapará, como ya hizo una vez.
Suspiro con la amargura de un dolor injusto. Suspiro, otra vez, porque es un dolor profundo. Suspiro, porque sé que es un dolor que no se irá. Que se quedará, amigo de otros, para volver una y otra vez. Suspiro, cansada, porque ya no sé cómo luchar. Suspiro, porque la habitación que guardaba todas aquellas cajas se ha derrumbado. Porque la casa, el jardín, los árboles, la muralla se han esfumado, víctimas del mar y sus olas, de la soledad y el frío. Suspiro, y ya no sé por qué.
Quién me diría que incluso la más dulce victoria podía ser tan amarga derrota.
Cuanta tristeza transmites…
No se como lo haces, pero siempre consigues tocarme la fibra sensible del corazón…
Por eso te admiro y por eso no puede parar de leer lo que escribes.
Porque eres capaz de transmitir sentimientos…
Aunque tengo poco tiempo en el día, siempre hago algún hueco para leerte cuando descubro que has vuelto a escribir.
Espero que nunca dejes de expresarte en este pequeño rinconcito
Y recuerda, si te derrotan, levántate, tu sabes que tienes la fuerza suficiente para hacerlo
Hasta ahora nada a podido contigo por muy mal que han ido las cosas ^.^
Y te vas… ¿Para no volver nunca mas por aquí?
Espero que no, que vuelvas a escribir…
Aunque tardes el tiempo que necesites…
Esperaré hasta que vuelvas, para emocionarme y conmoverme con tus escritos…
A veces pienso que nunca mas vas a escribir… Pero no me gusta pensar en ello.
Confío en que volverás tarde o temprano.