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2009_0922amiens40073Mañana podría morirme, mañana, o tal vez hoy. Tal vez en una semana, en un mes, en años. Quién sabe. No me gusta preguntar por respuestas extrañas. Pero hoy, sólo esta noche, supondré que mañana me muero. ¿Por qué mañana? ¿Y por qué no? A la vida no le gusta rendir cuentas, ni a mí pedírselas. Es mañana porque es futuro, porque ayer no puede ser, y porque hoy estoy viva. No me preocupa el tiempo que separe mañana de hoy, no me importa, y tampoco debería importar a todo el que se obsesiona con él. Supondré que mañana moriré, una suposición absurda. Es la única certeza que tengo.

A muchas personas les gustaría parar el tiempo, disfrutar y hacer todo lo que no han hecho. Hacer, por ejemplo, aquél pequeño regalo que nunca tuvieron ocasión de comprar, o ése viaje que siempre desearon realizar. Decir, incluso, las verdades que han sabido guardar durante mucho tiempo. Muchas personas harían lo que en su vida normal no hacen porque sólo la certeza de su propia muerte parece traerles la libertad que necesitan para decidir y traer el libre albedrío a sus vidas. Son aquellos que dejan la vida pasar sin atreverse a empaparse de ella, sentados tranquilamente mientras esperan la oportunidad de hacer todo aquello que anhelan.

Yo no. Tampoco puedo juzgarlos por ello. Intento hacer de cada día una pequeña aventura, y quién sabe lo que traerá mañana. Sí, hay cosas que me gustaría hacer, pero no necesito saber que me muero para llevarlas a cabo. Las cumpliré igualmente. No me gustan los días cojos, las horas vacías, ni los ratos malgastados en esperas absurdas. No me dicen nada, no tienen historias. Y a mí me gustan las historias. Me gustan mucho. Tal vez porque dentro de ellas hay un poco de la mía.

Algunas negarían la verdad, se empecinarían en un acto absurdo por blandir una inmortalidad fingida e inexistente. O tal vez se sentarían a esperar, abandonar los instantes que les quedan, robándoles su valor como al resto de su vida. Todos ésos instantes que son más que oro y que caen a tierra sin ser aprovechados si quiera. Yo no. No pienso sentarme a esperar a que vengan a buscarme. Tampoco quiere decir que me lance a sus brazos.

A otras personas les gustaría contar la trayectoria de sus vidas, sus pequeñas aventuras, su pequeña leyenda. Pasarla a papel, o regalarla a quien la quiera escuchar. Creo que yo soy de éstas. Por mi silencio, por mi mutismo, o por mi pequeña costumbre de plasmar tantas cosas en palabras. Y, como toda historia, todo debe empezar por un pequeño comienzo. ¿Dónde está mi principio? No lo sé, realmente. No puede situarse el día que nací, puesto que no lo recuerdo. Mi primer recuerdo consciente me llegó al año y medio de vida. Supongo que éso podría considerarse mi principio, un principio extraño, difuso y poco agradable. Un principio oscuro. Pero un comienzo, al fin y al cabo. No todas las historias tienen un ”Érase una vez” que las respalde. La mía no.

Podría decirse que tuve una infancia feliz, pero no plena. Y breve. Breve para mi gusto, claro está. Mi adolescencia no fue especialmente memorable, sumida en una noche aparentemente eterna. Pero poco a poco llegó el alba, y como todo, con algo más de luz los problemas parecen disolverse. También podría decir que el crepúsculo llegó tarde, para mi gusto, y que los años que me pasé a oscuras no fueron algo de lo que pueda estar orgullosa, pero tampoco algo que rechace. No se puede rechazar lo que es uno mismo, todo lo contrario, abrazarlo con fuerza. No podría volver a vivir dividida, disuelta en dos. Al menos no tan severamente. Tampoco quiero. Ahora que me conozco no puedo dejar de intentar comprenderme. Se ha vuelto en mi pequeña droga personal.

El hecho de que ahora me apetezca tratar el caso hipotético de una muerte prematura no es más que una pequeña reflexión que dejo caer al aire para que la arrastre con él y se la lleve tan lejos, o tan cerca, como guste. Yo tengo dentro al orador, y él sólo se lleva sus palabras como un pregonero que grita un mensaje real. Salvo que mi mensaje no es real, y tampoco quiero que sea gritado. A fin de cuentas, los gritos sólo se dan para alcanzar a la gente que más lejos está de nosotros. Dos corazones cercanos no necesitan más que susurrar para decirse un te quiero.

¿Y qué más diría en esta biografía que no es biográfica ni es mía? Podría vencer a la eternidad hablando de lo que no soy, de lo que sé que soy, o de lo que podría ser. Podría derrotar al futuro con imágenes de pasado, o incluso apagar la luna con tristes miradas de desconsuelo. Pero no quiero perder las palabras, ni los recuerdos, ni la luz tranquila, serena y fría de la luna creciente que me ilumina. Las quiero para mí, para que cuando la muerte llegue de veras a mis puertas, para cuando realmente la despedida que llegue sea irreversible tener un sinfín de historias que regalarle al viento para que, como esta noche, las lleve con él a los oídos que quieran escucharlas.

Así pues, brisas de invierno, llevad con vosotras todo aquello que no supe decir.

Todavía, y siempre.

Werewolf_by_jinkies36Todavía te echo de menos, sí, a ti. Todavía te extraño de noche, cuando la luna me adormece y me dice palabras bonitas al oído. Todavía te busco de día, con los ojos tristes y el alma aún herida. Todavía me hace daño tu recuerdo, tu nombre, tu pasado. Todavía, y quién sabe, para siempre.

No olvidé que siempre estuviste a mi lado, ¿cómo olvidarlo cuando tu presencia me hacía tanto bien?, no olvidé que fuiste mi guía, ¿cómo olvidarlo cuando siempre brillabas como un lucero en el cielo?. Sigo durmiéndome esperando escuchar tu voz romper el firmamento con un desafío salvaje, y sigo caminando esperando que te cruces conmigo, un torrente de vida que se estrelló en una presa horrible para no salir nunca más. Me acuerdo de ti cuando veo las estrellas en el cielo, porque tú eras más hermosa que ellas. Me acuerdo de ti cuando la luna está plena, porque tú eras más pura y noble. Me acuerdo de ti cuando veo el sol de una mañana de verano, porque tú brillabas con más fuerza. Me acuerdo, a cada instante, entre dos segundos que se besan para fundirse y alejarse sin más, de ti. Para recordarme que no estás, ¡y cuánto duele mirar atrás!.

Sé que no quieres verme así, que siempre luchaste por mi sonrisa, y yo te la daré, la seguiré regalando porque era tu meta, y no dejaré que tu ausencia me la robe, puesto que tu presencia me la trajo. Seré fuerte, orgullosa, salvaje y segura. Seré como tú querías, para suplir con mi orgullo tu ausencia, para cambiar mi fuerza por tu partida, para ser salvaje y no sentir el dolor de tu ida.

Pero no me pidas que rellene tu vacío con olvido, porque no puedo, porque sigues conmigo, porque aún te extraño y todavía te echo de menos. No me pidas que olvide, porque te quiero.

Devuélvemela , devuélvemela. Maldito amanecer que te la llevaste de mi lado. Maldita la suerte que a mí te trajo para arrancarte tan salvajemente de mí, cuando te necesitaba, cuando te quería, cuando más te amaba. Maldito el cielo gris que te arrancó la vida, entre un dolor infinito y mi alma perdida. Alegre esta mañana teñida de añil, y yo inocente que no te supe ver. Vuelve a mí, vuelve a mi lado, te necesito, no quiero creer que te has evaporado.

Devuélvemela, devuélvemela. Brisa cruel de la mañana, soplo de muerte y desolación. Vida injusta y despiadada, bien podrías robarme el alma, pero nunca debiste hacerle daño, a ella, a mi guía, a mi leal compañera, a mi única estrella. ¿Qué voy a hacer ahora yo sin su sabia mirada?. ¿Qué voy a hacer yo?, si ya no está ella, si ya no regresa, si su lecho frío y vacío ya no me llena.

Espléndida figura, noble carácter y alma cándida, la más leal, la más fiel, la más noble, y mía. Ya no estás, ya te has ido, ya te llamo, y no has venido. Ya te grito, entre llantos, ya te anhelo, entre suspiros, ya te sueño, entre gemidos, y ya te añoro, cuando apenas te has ido. Esta noche, cuando el sol caiga nuevamente, no tendrá su manto de estrellas para ti, porque la mañana te lo robó, y por más que intente subir al cielo para reclamárselo al sol, se queman mis alas y mi determinación.

Devuélvemela, devuélvemela. Astro cruel y maldito, cielo frío e infinito, ¿dónde os la habéis llevado? que ya no la veo, que ya no viene, que ya no está. Ella, mi compañera de juegos, mi única amiga, mi gran apoyo. El cálido abrazo que nunca pedía, la compañía austera y modesta, siempre a las espera, siempre a mi vera, siempre tan dulce compañera. Cuán lejos te has ido, cuán imposible me es ir contigo, y cuán arduo se me hace añorarte entre lágrimas dolidas.

Grito, tu nombre, lloro, tu recuerdo, anhelo,tu presencia, siento, un vacío, tiemblo, en soledad, y miro, la nada. ¿Dónde estás?, mi justa amiga, mi buena y paciente consejera, mi siempre fiel protectora. Siempre dispuesta a grandes cosas en mi nombre, siempre buscando mi mirada para hallar el coraje, confiando en mis palabras hasta tu misma muerte. Bendito el recuerdo alegre, que ahora tanto me duele, maldito el amanecer artero, que con él te ha llevado.

Tenían envidia las estrellas de tu siempre fiel y dulce presencia. Tenían celos los astros, de tu noble y esbelta figura. Tenían codicia los cielos, de tu constante alegría. Y he aquí, crueles y malditos todos ellos, que te han robado, secuestrado de mi lado, sin rescate ni escape posible, sin vuelta atrás, sin gloria, tan sólo pena, y soledad.

Yo hoy maldigo al cielo, al sol y los luceros. Maldigo a la luna sangrienta, a su cruel compañera, a su vil escudera. Maldigo en tu nombre a todos aquellos que antaño te hicieron daño, y esgrimo con lágrimas las perlas de tu recuerdo. Yo hoy clamo venganza, y juro por la justicia de tu nombre que no hallará lugar alguno tu recuerdo en los estantes del olvido.

No serán las grandes palabras las que te traigan a mi lado, pero sirven de consuelo para un alma desmembrada, a la que le han amputado salvajemente su más preciado tesoro.

Devuélvemela, devuélvemela. Yo la añoro, yo la quiero, yo la lloro, y la echo de menos. Allá los cielos, los astros, todos ellos, con sus intrigas. Allá ellos con su envidia, cegados por la codicia. Ya no iluminas mis días con tu blanca e inmaculada presencia, y la luna no podrá igualar la pureza de tu alma. Te han robado, te han arrancado de mi lado, pero nunca podrán igualarte, nunca podrán, con sus fuegos y resplandores, a tu brillo equipararse. Nunca podrán, por más que te escondan, por más que lo intenten, porque en mi memoria tu brillo es eterno, y ellos sólo son viejos ávaros oscurecidos por mi odio.

Devuélvemela, luna artera. Devuélvemela, sol engreído. Devuélvemela, cielo maldito. Tan sólo pido un día más a su lado, para poder mirarla fijamente y decirle cuanto la he amado. Tan sólo pido una vida más a su sombra, oculta por la belleza que irradiaba y que le habéis arrebatado. Tan sólo pido una tarde más, para encontrarla asustada y temblorosa, y abrazarla con fuerza, porque había vuelto a casa.

Pero no me lo daréis, porque me la habéis quitado, porque la muerte no devuelve, porque la vida no recorre caminos ya transitados. No volveré a verla, porque se ha marchado, y bien sé que no hay camino de vuelta. Me pasaría la noche en vela, esperándola, llamándola, como tantas otras veces. Pero ella no se ha escapado, y no puedo buscarla. Correría detrás de su gran figura hasta perder el aliento, huyendo de ella y al mismo tiempo persiguiéndola. Pero ella no corre ya, y yo no puedo andar.

Duele, sí. Pero más duele jamás.

Bones unicornMirar hacia atrás, el camino recorrido, la senda pasada, con la nostalgia de quien ha vivido. Sentir el dulce caminar, de mis pies descalzos por la orilla del mar, y sonreír una vez más. Acariciar con la mirada las simples formas del amanecer, dejarse mecer entre sus brazos cálidos con un suspiro ahogado, para despedirse lentamente con una ráfaga gritada, entre el dolor de la mentira. Arroparme con estrellas bajo el manto de la luna, descubrir la libertad del rocío entre manos amigas, dibujar tonterías en la arena entre risas escondidas. Y llegua una ola, valiente, grande y maldita, y se abalanza contra mi orilla, estrellándose en mi espigón y salpicando sangre blanca entre bramidos oscuros de rebelión. Tiembla mi faro, se apaga la luz y llueven lágrimas de desesperación, lamentos silenciosos arrastrados con parsimonia por el viento, rayos de luz crueles que me obligan a dormir siempre.

Se borran mis pisadas y mis huellas de la orilla recorrida, se olvida mi paso alegre y servicial por la playa libre y se me entierra entre otros tantos montículos simples y vacíos de arena que alguna vez fueron personas. Tan sólo se dibjua mi silueta a la luz de la luna llena, y ésta parece haberse olvidado de mí, demasiado ocupada en ilumunar las ideas descabelladas de quien antes me hacía reír. Ah, cómo duele el olvido, cómo hiere el pasado, cómo cuesta recordar sin dejarse embriagar por la desesperación.

Melancolía, ven y abrázame, inunda mi alma de dolor amargo y hazme sentir que todo ha pasado, y no me queda nada por vivir. Melancolía, tú, que siempre me has acompañado, no me abandones ahora, que te llamo. No te vayas como se fue mi luna, no me abandones, como lo hizo la noche, no me olvides, como lo hizo el dolor. No seas cruel y maldita, y hazme recordar, a cada vez que mire el horizonte, que llevo mucha vida detrás.

Ah, pero te has ido, y yo sigo aquí, esperándote, entre sábanas vacías.

Rain_dance_by_LokaianMe pregunto si soy yo, la que no tiene verdugo, la que no tiene consuelo, la causa de todos los males del atardecer. Me pregunto si yo sola soy capaz de destruir la belleza de la luna salvaje de la mirada de una madre, y me pregunto si realmente hay fuerza en mis manos para ahogar a la esperanza en el pozo de la decepción. Me pregunto, de noche, en la oscuridad de mi alma, si soy yo, la culpable. Me abrazo de día, con palabras vacías, con la fuerza que regalo y que tanta falta me hace. Me pregunto, y no sé, si es cierto que doy cobijo a un demonio en mi interior, y si no soy más que una dictadora sin compasión.

Me pregunto, a menudo, si son sabias las lenguas que hablan de mí, y tanto daño me hacen. Me pregunto, tal vez demasiado, si no seré más que un reflejo borroso de un espejo algo sucio y olvidado, que proyecta un sueño marchito y malcriado mientras una araña le recorre el marco. Me pregunto, de vez en cuando, si la sombra que proyecto no será más grande que yo.  Me pregunto, siempre, si realmente soy lo que dicen de mí.

Y llega la respuesta, camuflada de pregunta, sin decirme ni mentirme, sin mostrarme la verdad y alejandome de ella cada vez más. Llegan las noches, con sus estrellas, y sale la luna, tan sola y fría, como una cruel sonrisa torcida que se mofa de mí. Llegan mis noches, sombrías y lúgubres, en las que vivo en la oscuridad constante de la ignorancia, y la luz de la mañana me hiere más que el sol. La espada de la verdad me ha quemado el corazón, y mi escudo de inocencia se ha quebrado bajo la fuerza de la traición.

Se me rompe la voz, cuando doy fuerza a mis preguntas, y se me pierde la vida al intentar comprender las respuestas. Supongo que no sé, que no puedo saber, y mientras voy comprendiendo voy preguntándome más y más si no seré una duda constante que depende del miedo a la verdad para seguir existiendo.

Me pregunto, a cada noche, qué seré al despertar.

the_sun_and_the_moon_by_joied6¿Quién es él?, Él, a quien tanto llamo, a quien tanto anhelo, a quien tanto amo. Él es el amigo que nunca está, el tiempo que viene y va, el coraje que se me va. Él es de mi miedo eterno verdugo, y de mi dolor inquebrantable amigo. Es mi luz, y mi despertar, es mi noche, y mi deambular. No es, y siempre fue, es la idea de un caminar. Él, salvaje idea, noble corazón y eterno terror, el que abre las puertas de la imaginación, el imperecedero cerrajero de las puertas de mi razón. Él es dulce, y a la vez amargo, es triste, y de mi vanidad esclavo. Es el que abre los caminos por donde yo paso, y me protege de las sombras que corren a mi lado.

Él es mi eterno maestro, mi titiritero, mi sombra, y mi más puro reflejo. Es el brillo de mis ojos, y el dolor de mi rostro. El camino pedregoso, de baches plagado, y el guía tirano. Él es mi más sagrado compañero, y mi más terrible miedo, despiadado, inmutable, pasado. Él es el recuerdo ajeno, el momento perdido, el llanto contenido.

Él es tiempo, día, sol y miedo.

Y entonces llega ella, la amante eterna, la bella doncella. Ella, mi musa caprichosa, que me roba el sueño, que me susurra con el viento, y me abraza de noche. Ella, indomable inspiración, impaciente niña que me arranca el corazón, segura y cruel. Ella, la lágrima robada, la alegría perdida, la memoria robada y la mirada vacía. Ella es la maldad juguetona, la risa fría y helada que mi alma congela. Ella es la dueña de mi esperanza, y de mi soledad amiga,  es la voz que me grita, y de mi ilusión ama.

Ella, mi fuerza, la dama negra que me persigue tantas veces. La sacerdotisa de mis sueños, y de mi imaginación dueña, me roba las ideas, me entrega las palabras, y juega con ellas. Ella es la sonrisa que rompe el hielo, la cadena que me ata al suelo, la voz rota y dolida que se me escapa de noche. Es la desesperación más absoluta, y la desolación que me acompaña.

Ella es esperanza, noche, luna y soledad.

Él es poderoso y espléndido amanecer, ella fría noche de estrellas manchada. Tan diferentes, tan opuestos, y tan amados. Los polos de mi vida, los astros de mis ojos, cada uno una salida. Ellos son la ira, son salvajes, son mi carácter. Son mi escudo y mi espada, Él cota de malla, Ella la daga empuñada.

Ella, mi musa escondida, Él, mi eterno coraje. La eterna búsqueda de mi identidad, la infinita cruzada contra la libertad.

little_red_riding_hood__color__by_jerrycaiYo no lloro con mis ojos, ni siento con mis lágrimas.

No grito con mis labios, ni siento, con mi alma.

Yo soy silencio, helado y duro, la palabra marchita, el papel quemado.

Yo soy sombra, sin luz ni gloria. Tranquilo silencio, y el mar, no canta.

No soy guardián, ni el filo de acero de un brazo amigo. No soy coraje, ni fuerza.

Yo soy pilar, oculto y protegido, soy escudo, en brazo desconocido. Soy la paciencia cobarde, el dolor astuto.

Yo no expreso en el aire lo que siento, y soy silencio, tantas veces enemigo. Duele andar, pero camino, duele reír, pero sonrío.

Más duele la herida abierta que encuentro en la senda yerma.

Más triste es la voz que mis lágrmias, y más helada es la vida, que sin él, se marchita.

No pretendo extender mi lamento con tu llanto, no seré el triste agorero con voz de ensueño. Es extraña la melancolía que en el viento impera, y me es desconodio, el lamento de la tierra. He perdido las palabras, en el silencio de mi alma, y he olvidado dar un simple aliento.

Blando el papel en el que escribo, entintado con mi alma y teñido de desgracia. Esgrimo la pluma con la que digo, grito y maldigo; y de mis labios se escapa una protesta de grito mudo. Esto no es justo.

Mas no soy el verdugo de la vida, y no seré hoy su más fiera enemiga. Soy el eterno silencio, con su lejano despertar, que sin ruido contempla a la injusticia caminar. No hay valor en mi alma, ni llanto en mis ojos. No hay sangre en mis venas, si no un abrazo, roto.

Vibra el miedo, de cólera cargado, y tiembla el dolor, por la ira animado. Triste es el amanecer que tu muerte trajo, y descolorida la mañana, que no vistes, a su lado.

Yo no lloro con mis ojos, pero grabo en mis palabras cada gota de mi sangre.

Qué árida es la vida, que se te ha negado. Y qué duro es el día, para los que has dejado. Róbale al sol un soplo de vida, y coge de la luna, tu alma perdida. No será mi lamento eterno sufrimiento, quien alivie el peso que hunde los corazones, ni será mi voz la que alce de nuevo sus miradas. Te ha escupido la vida, como caen los días, y llora el cielo, porque ya no lo miras.

Tal vez mis abrazos sean fríos, mas no distantes, ni vacías las palabras que ahora escribo.

Siento no ser más que lo que soy, pero yo no lloro con mis ojos, aunque sangre mis palabras.

lapi-chaman-tassianaQuiero que me devuelvan lo que es mío, y de todos. Quiero olvidar el frío y duro tacto de tu piel contra la mía, tu mirada perdida, tus ojos muertos y vacíos de vida. Quiero olvidar el peso de tu cuerpo, desposeído de toda energía, y el dolor aún palpable de tus días. Quiero olvidar el aire de muerte, el miedo, la conjoga, el dolor, y verte de nuevo, tan alegre, tan fuerte.

Quiero que me devuelvan lo que es mío y que me han quitado, poder dormir tranquila noche tras noche sabiendo que aún estás, escucharte a cada instante respirar. Quiero volver atrás, y no gritar, quiero regresar, y rectificar. Pero ahroa es tarde, ya no estás, te han robado de mi lado, y tu hueco frío se ha quedado.  Ya no te oigo, de noche, respirar. Ya no te veo, de día, vivir. Ya no te siento, nunca, cerca de mí.

Echo de menos tu alma apacible, tu alegría dispuesta, y tu noble carácter. Ahora me arrepiento de no haberte sabido ver antes, mas es tarde, para ti, para mí, para todos. Deseo quitarme este peso que me hace tropezar, una y otra vez, con tu recuerdo, porque aún me duele, aún me quema, aún me pesas. Y pasará el tiempo, y te iré olvidando, y seguiré llorando en silencio, sin verter lágrimas, pero sufriendo, mientras tú ya no estás, y todos se van.

Quiero que me devuelvan lo que es mío, y me han arrancado. Quiero olvidar cuán dura fue la sorpresa de verte, y no verte, de mirarte, y no sentirte, de no comprender. Ah, qué días fueron aquellos en los que tú estabas, qué dulces las mañanas, que me llambas, y qué sombríos mis recuerdos, que te echaban de mi lado. Anhelo tanto decir cuánto lo siento, necesito tanto borrar el recuerdo que aún tengo grabado en mi mano, y que siempre cargaré como un peso en mi alma temblorosa.  Perdóname, por no saber amarte, perdóname, por quererte tanto que no supe desmostrártelo, perdóname, porque yo no puedo.

Dime que podré dormir tranquila, que no te pesa el alma como me pesa a mí, que no te duele la herida que me sangra a mí. Dime que no hay culpa, que no hay dolor, que no hay miedo, ni pavor. Dime que olvidaré, el tacto de tu piel, tus ojos vacíos, tu mirada perdida, tu cuerpo sin vida, pesado, entre mis manos vivas.

Dime que regresarás, cuando yo ya no esté, que cuidarás, de lo que yo maltraté.

Dime que todo saldrá bien, aunque sea mentira, aunque ya todo haya ido mal.

Dime que el dolor desaparecerá, a pesar de que me arrope cada noche, junto con el miedo terrenal.

Abrázame una vez más, y entonces, dormiré.

Ella era fuego,

Tan dulce como salvaje.

Él era tierra,

Tan frío como indomable.

Inmenso abismo,

Tremendo valor.


Ella era vida, y despertar.
Él era muerte, y vanidad.
Energía de luz,
y manto de oscuridad.


Fuerza, doblegada por amor,
Odio, sometido al corazón,
Sangre, sin color.
Guerra, en su interior.


Eran opuestos,
Y la unión.
Eran distintos,
Y el amor.


Ella, peligro y fuego,
Él, frío hielo.
Colosos salvajes,
Que se aproximaban,
Imparables.


Ella era la torre,
Que vence a la tempestad.
Él era el tiempo,
Que roe la vanidad.


Ella era celda,
De mentiras y maldad.
Él era lima,
y gritaba libertad.


La musa insustancial,
El miedo terrenal,
El deseo de avanzar,
Y la pasión.


Las alas del deseo,

El fuego de la ira,

El hielo de la vida,

Y el dolor de la mentira.


Ella era cólera,

Y él traición.

Los colosos del amor,

Estrellados sin razón.


El viento aulló,

El mar se alzó,

Ávido, el fuego ardió,

Salvaje, la tierra tembló.


Días y noches,

La naturaleza observó,

Destrozada,

La ira de sus hijos.


El viento se ahogó en la profundidad de los mares.

La Tierra se abrió, y el fuego creció.

Tan dura fue la afrenta, que al final,

El fuego consumió la Tierra,

Y se apagó.

shaman_woman___diablo_3_by_icedrake33

¿Qué soy yo?

Yo soy la ira,

Soy la cólera,

Soy la rabia,

Que te quema al caminar.


Soy el miedo,

Soy pavor,

Soy el terror,

Que te impide avanzar.


Soy dolor,

Desesperación,

Soy desolación,

Y destrucción.


Yo soy la risa de la muerte,

Las lágrimas de la vida,

El sueño de la realidad,

Y la realidad de los sueños.


Yo soy, y ahora lo sé,

La contradicción más grande de la historia.

Soy los reflejos del mar,

En el frío espejo del cielo.


Soy rencor,

Y perdón.

Yo no olvido ni perdono,

Yo soy, lo que no seré.


Yo grito,

Y no lloro,

No digo,

Y perdono.

¿Quién me comprende?

Si no soy nada.

¿Quién me entiende?

Si soy todo.


Y así, libre,

De nada, y de todo,

Van cayendo los días,

Se van alzando los soles,

Y mientras me miran,

Sin saber,

Que no soy nada,

Y lo soy todo.

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